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1. Piedad Bonnett
El artículo “La incapacidad de examinarnos” explica muy bien la diferencia entre la cultura japonesa y la colombiana en cuanto al aseo de las calles. Es notoriamente cierto que entre nosotros no se inculca esa cultura desde la casa, y la escuela poco puede hacer frente a esta costumbre hogareña.
Igualmente, el “ingreso” al estadio en el juego Colombia vs. Argentina por vías non sanctas obedece en gran parte a esa falta de cultura casera, pero también es resultado de la “cultura traqueta” que, al posicionar la codicia y generalizarla frente a lo que se quiere obtener, no respeta límites ni autoridades y ha hecho carrera en el país; un ejemplo de esto no solo ocurre en Estados Unidos, sino también aquí en Colombia, donde no se respetan los pares viales, ni los semáforos, ni el orden en las vías y andenes, por citar solo un caso.
Se ha apoderado de Colombia la idea de que el fin justifica los medios. No es solo el irrespeto a los guardias en Estados Unidos, sino también acá en el país y en el resto del mundo. El problema de la falta de autorregulación es un producto de la codicia que se ha apoderado del colombiano, quien está dispuesto a transgredir cualquier norma.
Y esa codicia la fomentó la violencia política, que en última instancia se convirtió en despojo de tierras, en fraudes electorales como los de Tigrillo Noriega y Misael Pastrana, y en las disparidades sociales y económicas que se agudizaron con la implementación del modelo económico neoliberal y el modelo político neoconservador, que aún hoy nos rige y que sigue aceptando esa cultura de llevarse por delante a quien sea con tal de obtener lo que se desea.
La capacidad o incapacidad de autoexaminarnos requiere un vuelco total en la educación, primero en los hogares y luego en las escuelas, así como la implementación de un sistema económico, social y político más transparente y sin las desigualdades aberrantes de hoy.
2. Laura Ardila A.
La señora Ardila inicia su columna titulada “Petro en el espejo de la ‘mermelada’ de Santos” con una crítica dura a un sistema que ya venía corrupto desde hace muchos años. Sin embargo, ello no justifica la “mermelada” institucional que no solo operó en el gobierno de Santos, sino también en gobiernos anteriores (auxilios parlamentarios) y posteriores (amigos contratistas de los congresistas para obtener recursos).
Este esquema, que nació en 1991, se “volvió institucional” bajo el pretexto de ayudar a las regiones a resolver sus problemas, pero terminó en el enriquecimiento de congresistas, concejales, diputados y autoridades locales, nacionales y departamentales. Ese fatal esquema es fácil de controlar con la auditoría forense y permanente de los planes de desarrollo y el control ciudadano, pero de un ciudadano educado para no defraudar a su comunidad.
3. Carlos Enrique Moreno
Al Dr. Moreno le asiste la razón en su columna titulada “Colombia, megalavandería sin paz” al señalar la codicia como fuente inspiradora de la corrupción. Lo que no ve es que, antes del gobierno de Santos, existió la yidispolítica, con la sumisión del presidente de ese momento; la notaría de Teodolindo, con su “incapacidad de entrada” y “entrada al baño” incluida, y justificada por el sistema de salud; las encarcelaciones de Sabas Pretelt y el ministro Palacios, entre otras poquísimas cosas.
Para el Dr. Moreno, Colombia nació corrupta el 7 de agosto del año en que inició Santos, y antes todo era limpio y sin pecado, incluyendo la “volada” de la justicia del psiquiatra Restrepo, aún prófugo, y la falsa desmovilización de un frente guerrillero. Además, Mancuso, que en ese momento era “bueno” para el gobierno de su cuñado, hoy es “malo” y desconocido en el departamento de Córdoba, etc.
4. Armando Montenegro
Ahora sí, en su columna titulada “Trump y América Latina”, se muere del susto con Trump versión 2. Antes no lo hacía porque el programa Trump 1 se acomodaba al sector económico que al Dr. Montenegro “le sirve”; es decir, al capitalismo financiero, que hoy es la punta de lanza del modelo económico neoliberal.
Pero ahora Trump 2 recibirá unos Estados Unidos con una alta inflación, casi en guerra comercial con el oriente de Asia, que a su vez está aliado militarmente con Putin, y con México como plataforma de producción de mano de obra más económica. Y ahí sí el Dr. Montenegro ve en peligro sus asesorías y pasa por la puerta giratoria entre puestos privados y estatales que comparte en rotación con su hermano en Asofondos. Pero tranquilos, al otro lado de Ipiales, en Ecuador, de pronto les creen el cuento.
Nota: Esto lo escribo así por no tener dirección, como lo hace Ramiro Bejarano, a quien le pregunto por qué extraña razón, ya que lo hizo una vez ocurrido el suceso, no volvió a nombrar al exembajador de Colombia en Uruguay, el excelentísimo Dr. Sanclemente, en cuya propiedad rural “su mayordomo montó tres laboratorios ilícitos”, y el Dr. Sanclemente, de manera “bugueña” (es decir, haciéndose el bobo) o no, no se dio cuenta.
Víctor Emilio García Cardozo
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