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Construir un nuevo país
A propósito del editorial “Un buen plan para erradicar cultivos” (El Espectador, 28-09-2015), sobre la erradicación de los cultivos de uso ilícito como uno de los aspectos más importantes y definitivos para la construcción de la paz, salta a la vista la trascendencia y magnitud del posconflicto en toda su integridad.Según analistas, demoraríamos mínimo unos diez años para implementar y dar cumplimiento a los acuerdos de la agenda de La Habana. Una tarea gigantesca. Porque la agenda es, en esencia, una verdadera revolución democrática. O si no, veamos el primer punto sobre la reforma integral agraria. La sustitución de cultivos ilícitos por empresas agrícolas da competitivas para el campesino, para lo cual ya tenemos el censo agropecuario, pero falta actualizar el catastro para definir la propiedad y la reforma tributaria respectiva. Este punto es una tarea absolutamente fundamental para una paz estable y duradera. Ahora pasemos al segundo punto: la participación política. Estamos hablando, fundamentalmente, de la reforma electoral. Sobra repetir lo que está pasando actualmente con las listas en cuerpo ajeno del paramilitarismo. Si no se hace una profunda reforma electoral, la construcción de la paz y de la democracia queda andando en muletas. Porque es aquí donde está el nido de la corrupción. Si una curul se puede comprar con billete, no hay moral que aguante el batido. En este punto entra también, y de qué manera, el cuarto poder: los medios de comunicación. En la construcción de un nuevo país van a ser decisivos para la formación de una opinión pública favorable a la paz.Y ni hablar del acuerdo de la jurisdicción especial para la paz. Justicia transicional para todos, como diría el expresidente César Gaviria. De manera que la construcción de un nuevo país es una tarea a largo plazo, para lo cual estamos dando las primeras puntadas esenciales.
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