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Los distintos y graves escándalos difundidos por algunos medios, en el día a día del acontecer colombiano, plagan de desprestigio la ética y buenas costumbres de muchos y altos integrantes de las instituciones.
Este horroroso panorama de corrupción no es de hoy, pero se ha magnificado y expandido con fuerza de tsunami desde el inicio del narcoparamilitarismo y el implantado sistema neoliberal, letal y colapsado, debido a unas estructuras excluyentes, el despojo de lo público, la constante violación de los derechos humanos, el debilitamiento del Estado, para una concentración abismal de la riqueza: el 10% de la población mundial posee el 86% de los recursos del planeta.
Las 85 personas más ricas tienen el equivalente a los recursos de 3.570 millones de habitantes en el mundo (Foro Davos). El poder político no puede estar al servicio del poder económico y la humanidad no puede someterse a una sociedad globalizada donde la mercantilización esté por encima del ser y el medio ambiente.
El remezón del ejército, inculpado de contratos irregulares, interceptaciones ilegales, Tolemaida Resort, grabaciones ruidosas, connivencia con paramilitares, tráfico de armas, narcotráfico, ejecuciones extrajudiciales, interceptaciones ilegales, solidaridad con detenidos, no ha terminado.
Este remezón cobró la cabeza de siete generales, dejando ver el malestar de un sector ante los acuerdos de La Habana y el delicado problema de los falsos positivos.
El Ejército saldrá fortalecido. El señor ministro de Defensa debe dar un paso al costado aunque sea aduciendo que “no conocía” o “fue a sus espaldas”.
A corrupción visible, remezón incluyente. La pandemia corruptiva se aliviará con profundos cambios, regresando a la convivencia general con la nueva cultura de la paz y el progreso para los colombianos en el escenario de la necesaria constituyente.
Ómar León Muriel Arango. Bogotá.
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