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Crisis de representación

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La representación es un acto voluntario en virtud del cual “lo ausente” autoriza a “lo presente” para que lo represente donde él no esté; por ende, donde está el representado no hay representación. Esta es la lección de las actuales protestas en Colombia.

Miles de personas marchan en contra del actual Gobierno no porque desconozcan que todo proyecto de ley para convertirse en ley debe pasar por cuatro debates, durante los cuales la propuesta inicial es susceptible de ser modificada, sino porque el presidente de la República, Iván Duque, cuenta con mayoría partidaria en el Congreso: Cámara de Representantes y Senado, situación que define la alianza entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo para favorecer sus propuestas.

Lo particular en este caso es que toda propuesta de ley (reforma de salud y reforma tributaria) fue retirada sin debate alguno, poniendo de relieve no sólo la fuerza de la protesta social, sino la desconfianza inherente de la sociedad civil sobre la clase política que los representa.

Ante esta situación, desde diferentes sectores políticos han promulgado que la lucha continúa en las urnas, porque el verdadero triunfo consiste en una masiva participación electoral que dará lugar a una nueva clase política que sí represente los intereses de los votantes. Sin embargo, en esta propuesta está la suspicacia de los políticos colombianos, ya que ningún partido representa a la sociedad civil, porque todos son partidos estatales y así consta en el artículo 109 de la Constitución Política de Colombia: “El Estado concurrirá a la financiación política y electoral de los partidos y movimientos políticos con personería jurídica, de conformidad con la ley”.

¿Qué quiere decir esto? Que en el momento en que una persona natural ingresa a un partido político y es elegida, se convierte en empleada del Estado, en burócrata, pasando a formar parte de la aspiración estatal, la cual ya no es la aspiración de la sociedad civil. Lo mencionado se revela en los políticos folclóricamente llamados “lagartos”, nombre atribuido por los múltiples cambios de piel de estos reptiles que, en la práctica, obedece a los múltiples cambios de partido político, poniendo en evidencia cómo los principios, las promesas, la ideología no son otra cosa que artificios para mantenerse dentro del Estado, el cual es su empleador.

En coherencia, la representación política en Colombia está constitucionalmente viciada e inclinada hacia la corrupción, porque no puede representar a la sociedad civil quien pertenece a la sociedad estatal, por lo tanto debe modificarse este apartado constitucional para eliminar el estado de partidos actual.

Hasta que los partidos y sus representantes no sean financiados por la sociedad civil no representarán sus intereses, porque no se sentirán obligados a hacerlo. Es el salario, históricamente, el factor de coacción para el cumplimiento de una labor. Otros elementos necesarios son: 1) que la sociedad civil elija directamente a sus representantes, sin listas de partidos, y 2) que se haga mediante elección uninominal de mayorías, no proporcionales. Estos últimos puntos esperamos desarrollarlos en otro momento.

Antonio Pavón.

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