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Crítica con respuesta sobre un titular

Sobre un titular

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El pasado 14 de abril, en la sección denominada «redacción de ciencia» el «periódico El Espectador» publicó el siguiente «titular»: El colombiano Francisco Lopera ganó “el Nobel de la investigación sobre alzhéimer”. El uso del entrecomillado ofenderá a los señores de la redacción de ciencia y encargados de la edición de El Espectador; parecerá inadecuada a muchos lectores y confundirá a la gran mayoría de personas que desconocen las sutilezas del uso de las comillas, por una parte, y que no existe nada parecido a un “nobel de la investigación”, por otra.

¿Dónde está la responsabilidad de la redacción de un periódico de circulación nacional al publicar información que desorienta a los lectores? Un estudiante de un curso de biología de la conducta que dicto en la Universidad de Antioquia me escribió entusiasmadísimo: profe -me decía en su mensaje-, ¿vio que le dieron el nobel al doctor Lopera por la investigación que usted nos mostró en clase?, le envío el enlace.

Señalo, mediante la presente, la responsabilidad del periódico El Espectador no solo hacia los ciudadanos que -suscriptores o no, lectores o no- toman un titular de noticias como información y no como una carnada para el clic. A la preocupación por la educación de la población ahora se suma la educación de una inteligencia artificial que, al paso que vamos, reemplazará algún día a los editores de periódicos serios y generará, con base en la historia de titulares previos, la fórmula sobre la cual redactará los titulares del futuro.

Distopías aparte, hago un llamado a la responsabilidad que el periódico El Espectador tiene no solo con sus suscriptores, sino con personas que no tienen los recursos para atravesar el paywall y que, en consecuencia, creen en lo que un titular dice. Los otros, los que pagamos la suscripción, nos dividiremos en distintos estratos: los que estamos enterados de ciencia y descartaremos la notificación de la noticia por considerarla falta de seriedad -no me tomé la molestia de leer la nota publicada por ustedes, en primera instancia, gracias al titular; los interesados en la divulgación científica que leerán para quedar decepcionados por la discrepancia entre el titular y la información presentada y los que quedarán confundidos por la misma razón.

Si un medio de comunicación serio, como El Espectador, suma al problema del analfabetismo científico el de la desinformación, flaco favor hace a la sociedad con la que tiene un compromiso ético. Entiendo, como cualquiera, que un periódico no es una entidad sin ánimo de lucro y que en la actualidad el ánimo es más bien el de no quebrarse, pero por favor no antepongan la necesidad de tráfico de clics al compromiso ético de informar. Si este reclamo parece banal a cualquier lector, este está en su derecho de considerarlo así. Si es banal para la redacción del periódico, es inquietante. La divulgación de la ciencia, la apropiación social del conocimiento y la alfabetización científica de una sociedad se construye en las aulas, las ferias de libro y los espacios informativos como el que los periódicos proporcionan. Estos últimos son el lugar donde el entusiasmo puede convertirse en interés a largo plazo, en decepción o en confusión.

Si un estudiante se entusiasma porque un investigador de su región y de su universidad recibió un galardón, no debería sufrir la decepción de enterarse de que el reconocimiento no fue un Nobel, sino un premio Potamkin, como correctamente lo informaron otros medios sin el alcance de El Espectador. Si el lector o lectora es una ciudadana interesada en cultivar su conocimiento, no debería tener que luchar contra el estilo de redacción sensacionalista para informarse.

En periodismo no hay mentiras inocentes. Una información sesgada es irresponsable de parte de ustedes como medio informativo de cobertura nacional. Quienes se dedican a la divulgación científica y al trabajo editorial conocen bien el bajísimo impacto que tienen las declaraciones de erratas y las correcciones. El daño está hecho, pero la redacción continúa. Invito de manera muy cordial a la redacción de ciencia de El Espectador a seguir sorprendiendo grata y verazmente a sus lectores con buenas noticias de ciencia y científicos, como la del reconocimiento a nuestro admirado neurólogo colombiano por parte de una agremiación tan importante como la Academia Americana de Neurología y la Fundación Americana del Cerebro.

Iván Fernández Arbeláez, profesor de la Universidad de Antioquia.

Respuesta del editor

Estimado profesor:

Entiendo su molestia sobre el título del artículo que menciona. A mí tampoco me gusta ese calificativo de “Nobel” para resaltar la importancia de un premio en un determinado campo. Se ha vuelto un lugar común. Sin embargo, no es un calificativo que se inventó El Espectador. Mucho menos sugerimos que a Francisco Lopera le dieron un Premio Nobel. Si relee el título, notará que se refiere, únicamente, a un premio entre quienes investigan sobre Alzheimer (y está en comillas). Es el mismo Premio Potamkin el que así se autodenomina. Lo invito, entonces, a que comparta su crítica con la Academia Estadounidense de Neurología (AAN) y la Fundación Estadounidense del Cerebro, organizadoras del premio, para que evalúen la manera en que presentan el galardón. Yo lo apoyo; pero intuyo que es un camino que encontraron para hacer más cercana y masiva su divulgación. ¿Podemos ser flexibles en ese propósito? La pregunta está abierta.

Por otra parte, profesor, estoy absolutamente convencido del rol de los medios de comunicación en la apropiación del conocimiento y en la alfabetización científica. Especialmente, en tiempos de desinformación. Por eso, en El Espectador hacemos un gran esfuerzo por hacer el mejor periodismo científico y por cautivar a lectores con él. Lo hemos logrado, batallando contra la guerra del click y dando muestras de que podemos tener audiencia haciendo un buen trabajo.

En el caso de las investigaciones del profesor Lopera, hemos hecho una cobertura rigurosa de su fascinante trabajo. La muestra es este artículo que construimos con su ayuda y con la de la red de investigadores sobre Alzheimer en 2023 y este otro artículo que ese mismo equipo nos ayudó a elaborar. Si hubiese pasado del titular del artículo que menciona, se daría cuenta de que ambos reportajes están referenciados. También las revistas en las que aparecieron las investigaciones.

En ese sentido, espero, entonces, que quienes leyeron el artículo no se hayan llevado una decepción, como usted dice, pues, por un lado, comprenderían el calificativo del título y, por otro, accederían a información mucho más robusta sobre el trabajo del profesor Lopera.

Por fortuna, el texto en mención no tiene ningún paywall: es de libre acceso. Espero que después de su jalón de orejas, su estudiante de pregrado lo haya podido leer completo y haya podido despejar su duda. Me sorprende que haya sugerido que se ganó un Nobel con solo leer de soslayo un titular.

En otro punto no estoy de acuerdo: su reclamo no es, de ninguna manera, banal. Lo tomamos muy en serio y nos ayuda a discutir sobre el mejor camino para hacer bien nuestro trabajo. No dude de que será el primer punto a discutir en nuestra próxima reunión. Creo que es una buena invitación a dudar sobre calificativos exagerados (así lo diga el mismo Premio Potamkin). Nuestro primer compromiso es informar con rigurosidad y ética, por encima de cualquier necesidad de tráfico.

Un saludo cordial,

Sergio Silva Numa, editor de Ciencia

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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