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Cuestionando la “sororidad”

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Hay un tema controversial entre mis amigas y mis neuronas los últimos días: ¿cómo ejercer la sororidad cuando alguna mujer te cae mal, no la admiras, le tienes celos o te parece simplemente de existencia irrelevante? Me pasó hace algunas semanas en el cumpleaños de mi novio; su ex (de la cual él es amigo) decidió ir a la fiesta. Debo confesar que fue una situación estresante, tanto que sentí que acabé vistiéndome y maquillándome para la persona que iba a conocer. Invité a la gente que me quería para sentirme apoyada y me preparé incluso para una posible ruptura o pelea (lo sé, ansiedad en pleno).

El primer cruce de miradas fue un disparo, me sentí aliviada y decepcionada: aliviada por lo que representaba aquella mujer y decepcionada por haber perdido tanto tiempo pensando en ella. Y aquí viene lo cruel, un juicio odioso, descarado, malvado y que no me representa como persona. Me alivió verla, poder reírme de su cuerpo, de su rostro y sentir que solo tenía algunos esbozos de inteligencia. Una crueldad inminente que catapultó mi ego y que obviamente estuvo apoyada por mis amigos. Me quité un peso de encima y debo admitir que sentí un ápice de satisfacción; aunque me engañara con ella no me sentiría mal, porque en ese momento me sentí superior, muy superior.

Pero la moralidad llegó, me puso un espejo al frente, reflejando el pedazo de basura que fui. ¿Qué habría pasado si en lugar de ser esa mujer fuera otra que me pareciera linda? ¿Y si otras personas tienen la misma percepción de mí que yo de ella? ¿Es justo juzgar, hacer sentir mal o despotricar de una persona solo porque a mi parecer su imagen no coincide con mi ideal de belleza o de cultura? ¿Si me enfoqué solo en lo malo? Esas y más preguntas recorrieron mi cabeza y me preguntaba: ¿la sororidad que tanto pregono puede ser un simple escudo moral que uso para sentir que no tengo rivalidad con otras mujeres? ¿Soy solo buena mujer con otras mujeres que son de mi agrado? Hoy me debato entre la ficción y la realidad que implica la mentalidad femenina, esas ganas insostenibles de salvar a las de mi género y la terrible ambición de verlas destruidas.

Jennifer Baena.

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