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Con respecto a la entrevista publicada el 17 de diciembre, titulada “Integrar las empresas de Bogotá no reduciría las tarifas”, y en la cual se me preguntó sobre mi punto de vista acerca de la propuesta de integración de las empresas de servicios públicos domiciliarios en unas eventuales Empresas Públicas de Bogotá, es necesario hacer una precisión.
Seguramente por problemas de transcripción de la grabación, se escribió: “Es una mentira que la nómina del Acueducto sea muy costosa. Los ingresos del Acueducto están alrededor de los $1,23 billones y la nómina, incluyendo la pensión, cuesta $113.000 millones”; siendo lo exacto: “…Los ingresos del Acueducto están alrededor de los $1,23 billones y la nómina, incluyendo la Convención, cuesta $113.000 millones”.
Es decir, se hizo referencia a un porcentaje global, que no incluye el gasto pensional, que, entre otras, es diferencial para los regímenes vigentes, desde uno antiguo hasta otro regido por la Ley 100.
Aurelio Suárez Montoya. Bogotá.
Ante la carta deAndrés Pastrana
He leído en los medios de comunicación la misiva del expresidente Pastrana dirigida al presidente del Directorio Nacional Conservador. Como un ciudadano que comprende su papel de faro ético, celebro la manera tajante como Pastrana sienta su posición frente a los “adláteres del paramilitarismo”. El país entero debe rodear una respuesta impecable del Estado ante ese episodio nefasto de nuestra historia.
El asunto está en la “respuesta impecable del Estado”. Ésta debía ser institucional y con ello celebro que haya sido liderada por el máximo órgano de la justicia penal. Debía ser ejemplarizante y por eso comparto la severidad de las decisiones y entiendo el escándalo de prensa alrededor. Debía ser oportuna, y fue tardía. Debía ser justa, ajustada al principio universal de la legalidad, la ley, la Constitución y los tratados internacionales. Actuar rápida y contundentemente contra políticos implicados era tan importante como hacerlo con todas las garantías del caso, porque la acción penal toma su legitimidad en la asepsia de su aplicación y, cuando se cometen injusticias, el tiempo las revela. Cuando no se respetan las garantías que el proceso penal exige, los culpables mal procesados pueden tener absoluciones o reparaciones que echarían el esfuerzo al traste. La respuesta no fue impecable, no hubo asepsia. Fui condenado por un error de la justicia que el tiempo demostrará. Insisto en mi inocencia, aunque se pueda pensar que es un asunto del pasado. Condenar y castigar inocentes rebaja al Estado a los niveles en los que habitan los delincuentes que debemos combatir. “Lo preocupante no es la perversidad de los malvados, sino la indiferencia de la gente buena”.
Álvaro Araújo Castro. Bogotá.