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De Eco para Zuleta

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Las columnas de Umberto Eco y Felipe Zuleta el domingo 4, comenzando por rutas distintas llegaron a destinos coincidentes.

Eco se solaza planteando la dicotomía entre amor y odio, acusando dejar de lado la máxima nietzscheana de que amor y odio sean pasiones menores porque el conocimiento nos conduce a una esfera superior: la de comprenderse y comprender al otro. Paradójicamente Zuleta cae en la trampa amor-odio saliendo en defensa del cura Novoa y contraatacando al cura Mercado sobre sus especulaciones abortistas, ignorando involuntariamente el columnista que, horas antes, Novoa había publicado una nota, muy jesuítica ella, mediante la cual sí y no le da la razón a Mercado colocándose sí y no a favor del aborto, de modo que el columnista termina reducido a la carne de esta hamburguesa cural porque su “atacado” y su “defendido” no se encuentran en orillas opuestas. Esta significativa lección jesuítica le habría hecho falta a Zuleta en su educación bartolina dado que, en absoluto, el brazo ideológico del Vaticano conducido por el “Papa Negro” tiene autorización para desbaratar el moño de la fantasía catolizada. ¡Ni más faltaba!

Bernardo Congote. Bogotá.

Accidentes

Todavía no nos hemos podido acostumbrar a leer en los titulares de los medios de comunicación la frecuencia de los accidentes de los buses de Transmilenio. Este medio de transporte popular se creó con el fin de descongestionar y aliviar un poco la movilidad en Bogotá; sin embargo, su utilización se ha convertido en un “cuello de botella” demasiado peligroso debido a los constantes hurtos a los pasajeros dentro de los mismos buses, y ahora, para rematar, se están estrellando casi a diario contra los postes y en andenes de la ciudad, con el consabido peligro tanto para los transeúntes como para los mismos pasajeros.

Parece que los conductores contratados por Transmilenio no son lo suficientemente idóneos y expertos para manejar estos vehículos en una ciudad cosmopolita como Bogotá. La selección de este personal deja mucho que desear, y crece la incertidumbre entre los pasajeros sobre si vale la pena utilizar estos buses o sería menos peligroso frecuentar otros medios de transporte público diferentes a Transmilenio. Debido al tiempo que llevan funcionando valdría la pena que se les hiciera una reingeniería a estos buses con el fin de detectar los problemas que últimamente se han presentado, y hacer las correcciones necesarias para prevenir futuros accidentes.

César Cárdenas. Bogotá.

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