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Es grato saludarlos con ocasión de esta misiva donde expresamos, como comunidad dominicana residente en Colombia, total discrepancia ante las acusaciones de este medio contra el Estado dominicano por racismo; queremos resaltar varias imprecisiones descritas en el editorial del pasado 22 de septiembre y en un reportaje publicado el 23 del mismo mes.
1) La condición de apatridia se da cuando ningún Estado otorga la ciudadanía a una persona; a los nacidos en República Dominicana de padres extranjeros con estatus migratorio irregular los respectivos países de origen sí les otorgan la ciudadanía, por lo que no existe tal condición denunciada.
2) El suscrito trató el caso de Raiza, una dominicana a quien se le negó en Colombia la ciudadanía de su hijo nacido en Bogotá por encontrarse ella en condición migratoria irregular; ¿acusamos nosotros al Estado colombiano de racista con los dominicanos o quedó el niño en condición de apatridia? No. Cada país es soberano de crear sus leyes y de hacerlas cumplir.
3) Es falso que el término “migrantes irregulares” sea prácticamente un eufemismo para no nombrar a los vecinos haitianos. Puedo citar varios casos de ciudadanos venezolanos y de otras nacionalidades cuyos hijos, por su condición migratoria irregular, no obtienen la ciudadanía dominicana.
4) Dicen que 133.000 descendientes de haitianos fueron privados de su derecho a la nacionalidad; esa cantidad no está demostrada en ninguna auditoría al proceso. El Estado dominicano ha otorgado documentos como dominicanos a 26.123, restan 34.110 que no los han recogido.
5) Acusan al ejército dominicano de perfilamientos arbitrarios contra los ciudadanos haitianos “por ser negros”; me sorprendí al leerlo. El 85 % de estos hombres y mujeres son tan negros como los hermanos haitianos. Nuestra raza es “híbrida”, mestiza o mulata.
6) Que hay hostigamientos en hospitales contra mujeres haitianas. El Gobierno dominicano invierte cada año el 30 % del presupuesto de salud en parturientas haitianas, unos US$625 millones.
7) En ese editorial no hay nada nuevo, es simplemente el eco de las voces de unas “organizaciones defensoras de los derechos humanos que en su mayoría han distorsionado la realidad para dejarse sentir y buscar recursos económicos en la comunidad internacional, que para eso sí tiene, no para ayudar al indefenso pueblo haitiano. Estrategia que es usada como presión al Estado dominicano para que siga cargando con una cruz que no tiene Cristo sino Judas.
Es preocupante que este importante medio colombiano, con una trayectoria heroica de haber recibido un ataque tan cruel en 1986, por decir solo la verdad, hoy publique un editorial y un reportaje sesgados y totalmente alejados de la objetividad que lo caracterizó siempre. Pareciera más una pauta que un editorial.
El periodista debe consultar todas las fuentes involucradas para que su trabajo sea profesional y quede bien ante la ética y la sociedad.
Manuel Tejada Gómez, por la Junta Directiva de Adorec.
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