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De la misión palestina sobre una carta
La diplomacia israelí miente nuevamente y recurre por enésima vez al guion que la Hasbara —estrategia de comunicación israelí diseñada para manipular a la opinión pública— le ordena. La columna enviada a este diario recientemente y escrita por el representante de Tel Aviv es disciplinada a la hora de manipular el carácter del conflicto y el rol de Israel como potencia ocupante, mientras presenta nuevamente al victimario como una víctima.
En mención a la columna enviada, es pertinente hacer algunas precisiones elementales. En primer lugar, el lamentable ataque que Tel Aviv hace en contra de las instituciones internacionales —en este caso, en contra del mismo Consejo de Seguridad de la ONU— no es nuevo y de hecho no debería ser una sorpresa. Israel viola actualmente 88 resoluciones del Consejo de Seguridad, con lo cual su estatus de Estado enemigo de las instituciones, la paz y la convivencia queda demostrado a cabalidad. En ese sentido, no es el Consejo de Seguridad quien debe ajustarse a los caprichos de Israel sino todo lo contrario, Israel debe de una vez por todas respetar el derecho internacional.
Por esta razón es claro que la resolución del Consejo de Seguridad emitida en diciembre del año pasado y que recuerda por enésima vez que se trata de un conflicto de ocupación, donde Israel es la potencia ocupante sin dejar espacio a dudas, al régimen de Tel Aviv le parezca un ataque.
Derivado de lo anterior, es evidente que el Consejo de Seguridad haga un humanitario llamado a cesar los actos de violencia contra los civiles e incitación al odio, y también es evidente que Israel nuevamente se ofenda con ello. Basta recordar el episodio del bebé de 18 meses incinerado junto a su familia por un israelí habitante de una colonia en Cisjordania —las mismas colonias que son ilegales y que el embajador Sermoneta defiende—, los permanentes llamados al genocidio desde los ministros israelíes, los cerca de 2.000 niños palestinos asesinados en lo que va del siglo XXI y los asesinatos sumarios de palestinos por parte de fundamentalistas israelíes, con especial énfasis desde hace año y medio.
La diplomacia israelí es un fiasco y su propio fundamentalismo y promoción del odio ha llevado al régimen de Tel Aviv a un aislamiento sin comparación.
Justamente esa ceguera sionista lleva a la diplomacia israelí a intentar engañar a la opinión pública, disfrazando la ocupación como “territorios en disputa”. Señor embajador, tanto para el Consejo de Seguridad de la ONU, tal y como lo expresa con claridad la más reciente resolución, como para el sistema internacional, no existen tales territorios en disputa —ni siquiera Jerusalén Este—, sino una ocupación que a diario comete crímenes de guerra y que los fundamentalistas intentan disfrazar. Evidentemente, señalarle a Israel sus crímenes levanta molestias en sus diplomáticos.
Esta manipulación alcanza su cenit a la hora de hablar de las negociaciones. Es fundamental recordar que el momento en el cual más cerca estuvo la paz entre Israel y Palestina fue bajo el liderazgo del primer ministro israelí Rabin y el presidente Arafat. Sin embargo, la verdadera cara del fundamentalismo sionista asesinó esta paz en el instante en que un israelí disparó contra su propio premier Rabin y sus sucesores envenenaron a Arafat. A partir de entonces Israel ha asesinado cualquier acercamiento. Adicionalmente se debe decir que la reciente Conferencia de París —donde se incluye al Cuarteto— deja por el suelo la demagogia israelí de pretender mostrarse abierta a las negociaciones, siendo contundente: no hay negociaciones ni hay paz por culpa del odio y el fundamentalismo de Tel Aviv y su manía de violar la ley internacional.
Para finalizar, vale la pena recordar al exprimer ministro israelí Begin, quien defendía el terrorismo de Israel en su libro La rebelión: La historia del Irgún, diciendo que se trataba de un “puro nacionalismo”, para preguntarnos: ¿quién es hoy la principal amenaza a la paz en el sistema internacional?
Luis Alexander Montero Moncada. Asesor Político – Misión Diplomática del Estado de Palestina en Colombia
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