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De términos y sensibilidades

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Por medio de la presente quiero hacer referencia al título “Homenaje a las víctimas del holocausto” usado el día lunes en la sección “Un Chat Con…” de El Espectador.

El término holocausto en la historia hace referencia exclusiva al exterminio de seis millones de judíos por el régimen nazi. ‘Holocausto’ es un término que pulsa una cuerda sensible de Israel, de judíos alrededor del mundo, de todos aquellos que honran la memoria de nuestros hermanos y hermanas aniquilados, y especialmente para los sobrevivientes de este genocidio. Considero que el término Holocausto no debería ser usado en un texto como este, que hace referencia a otro suceso también lamentable ocurrido en Colombia en los años 80. Marco Sermoneta. Embajador de Israel. El especial “Ciudades” Quiero comentar sobre la separata editorial de El Espectador, “Ciudades”, que comenzó con la ciudad de Medellín, uno de los centros urbanos más queridos en Colombia. La importancia radica, en primer lugar, en el sentido altamente positivo de cada una de sus secciones. Es el mejor discurso reciente que se ha pronunciado con respecto a la urgencia del fin de la guerra y lo que a futuro inmediato será, también, el posconflicto. No se necesitó predicar sobre las virtudes del proceso  para callar a los enemigos camuflados de la paz. Cada ciudad debería tener una separata similar porque en muchos lugares del país, aunque no se crea, se viene trabajando con entusiasmo para mejorar la calidad de vida de la población. Debemos procurar la suma de cada acto positivo de nuestro entorno, por pequeño que sea, para estimular esa actitud positiva que necesitamos. Vivimos rumiando nuestras miserias y eso afecta la salud emocional colectiva. Choca, aún en la más coloquial conversación, escuchar a alguien despotricar del proceso de paz.  Pero volvamos a la separata.  Encuentro esperanzador que dos rectores de universidades se refieran a los jóvenes desde una dimensión muy alentadora. Ver en ellos ese futuro que se construye en un presente que también es nuestro, el de hoy, del que podemos disfrutar con alegría. Nuestros padres volaron a la eternidad preocupados por ese futuro inmediato que ellos alcanzaban a avizorar no precisamente despejado. Los padres de familia del siglo XXI deben ver que hay un futuro diferente al que le correspondió a las generaciones de la Violencia. Quisiéramos ver separatas de Pasto, Popayán, Bucaramanga, Ibagué, Neiva y otras ciudades intermedias. Eso llena de esperanza a las regiones y al país. Separatas sin mentiras,  exageraciones,  promesas inalcanzables ni la presencia de dirigentes de tercera categoría.   Ana María Córdoba Barahona. San Juan de Pasto.  Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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