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Hace muchos, muchos años, cuando no existían las facultades y programas de Economía, los gobiernos se veían abocados a contratar pensadores económicos del extranjero mediante las famosas comisiones. Muchos llegaron e hicieron aportes muy importantes y se agradece. Con el transcurso del tiempo se generó la necesidad de formar economistas y ya existen excelentes centros de formación tanto en la capital del país como en provincia. Esa alusión la hago para indicar que desde hace más de 60 años tenemos profesionales de la economía colombiana de todas las corrientes ideológicas, entre los cuales hay excelentes, muy buenos, buenos, regulares y malos, no importa de dónde egresaron.
Por eso llama la atención que el actual Gobierno, de manera específica el equipo del Ministerio de Hacienda, no los consulte ni los estudie y muchos menos tenga en cuenta las críticas fundamentadas que muchos de ellos hacen por medio de la prensa hablada y escrita, foros, centros de pensamiento y columnistas, y vaya contra la corriente, como desafiando el sentir del pueblo colombiano.
Salomón Kalmanovitz, Eduardo Sarmiento y Amylkar Acosta, solo para nombrar a unos poquitos, porque sus escritos se basan en investigaciones y en su fecunda experiencia, además de importantes pensadores socioeconómicos y sociopolíticos como Humberto de la Calle y Alejandro Gaviria, o de literatos que escriben sobre una realidad que observan todos los días, como William Ospina, todos ellos con una visión de país integral, real, práctica. Su opinión e interpretación de los actos y hechos gubernamentales constituye un faro de luz nítida para que los grandes asesores del actual Gobierno se dejen iluminar antes de machacar al sector de los trabajadores formales e informales con reformas trituradoras.
Solo queda la esperanza de que el debate de la reforma de marras no prospere bajo ningún punto de vista. Ya no hay quien aguante, ¿es que no se dan cuenta? ¿O creen que la pandemia paralizó la capacidad de analizar lo que se viene y que no habrá movilizaciones para protestar por tanta ignominia?
Al presidente y sus fanfarrones colaboradores de todos los niveles se les pide que no subestimen la desesperación del pueblo y que no alisten a la mortífera Policía para reprimir a quienes, valientemente, se atrevan a manifestarse en calles, avenidas y plazas. Qué no daríamos, lo que tenemos y no tenemos, para que Carrasquilla se vaya y la reforma tributaria se hunda o se convierta en una esperanza y no en un azote. Los parlamentarios tienen su responsabilidad en esta vital decisión.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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