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Quisiera primero hacer una pequeña introducción acerca de mí para que entiendan un poco más a su lector y la razón que me lleva a manifestarles mi profunda preocupación después de leer una columna de opinión publicada en su periódico el domingo antepasado.
Soy suscriptor de El Espectador y de ningún otro medio en Colombia.
Soy un cincuentón con título universitario de la “mejor” universidad del país, con un máster de Negocios de una prestigiosa universidad en Europa. Me considero un privilegiado en este país. Nací en una familia acomodada, lo que me permitió estudiar en la más reconocida universidad privada, seguir un máster en Europa, vivir y trabajar fuera de Colombia por muchos años; mis hijas son nacidas en el exterior y además de colombianos somos ciudadanos de un país europeo. Hoy en día vivo en Colombia, tengo un buen estándar de vida que me ha permitido darles la oportunidad a mis hijas de que hoy día vivan y estudien en prestigiosas universidades en el exterior.
Siento a El Espectador como una familia, me gusta mucho que se destaca por su afán de informar sin caer en sesgos o desinformaciones ni promover el odio o, como la llama el presidente Petro, la “narrativa” de tergiversar e informar sesgadamente para crear un clima de odio y pánico en el país.
El editorial del 15 noviembre, donde el periódico reconoce el error en un titular sobre la noticia de los prediales, que todos los medios cometieron, me llena de orgullo de ser un suscriptor.
Es por eso, por ese afecto que le tengo al periódico, que me causó mucha desazón y tristeza que el equipo editorial no haya dicho nada ni tomado alguna acción con respecto a la columna de opinión de Felipe Zuleta titulada “¿Cuál paz total?”, del 12 de noviembre.
El señor Zuleta puede tener una opinión contraria al gobierno de Petro y él es libre de expresarla en su columna, pero evidentemente en ella no está haciendo ninguna crítica constructiva sino una propaganda de frases groseras y ofensivas hacia el presidente, que al final concluye llamando al golpe de Estado.
Lo tilda de “demente” con “diarrea mental”, lo llama “exguerrillero amnistiado”, dice que “11 millones de insensatos” lo llevaron a la Presidencia, que sus ministros son “desquiciados mentales”. Es una columna totalmente desafortunada que quedaría exagerada en cualquier medio. ¿Cómo es que El Espectador no dice nada? Verdaderamente me deja muy decepcionado mi periódico.
Gino Rodríguez.
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Preocupan los constantes llamados del columnista Felipe Zuleta a un golpe de Estado. No hay que ser ingenuos, porque cada columnista tiene el total derecho a sentir simpatía o antipatía, si así se quiere, por tal o cual gobernante, como todo ser humano. Lo que sí preocupa, y más en Colombia donde la prensa tiene tanto poder, es que el llamado de Zuleta tenga ecos en personas poderosas que el columnista sabe perfectamente quiénes son.
¿Es función de un columnista llamar a un golpe de Estado? ¿Es el golpe de Estado la solución? No dudo que Petro ha sido un presidente calamitoso, desordenado, caótico, pero, reitero, ¿luego no somos la democracia más antigua del continente? ¿Dónde queda el sentido de la democracia con estos llamados?
Como abogado externadista y unilibrista, dos universidades representantes del más excelso liberalismo en Colombia —de la primera es egresado el columnista—, rechazo y no me identifico para nada con las afirmaciones del señor Felipe Zuleta, y así mi manifestación tenga los efectos del ladrido de un perro ante un muro, siento la necesidad de hacerla, como un ciudadano que tiene todo el derecho a disentir.
Rodolfo A. Vanegas P.
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