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Del Darién en la novela colombiana

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En la entrevista “Charla con un escritor respetado y poco leído” (El Espectador, julio 5, 2015) a Gustavo Arango se dice que antes de su novela sobre Santa María La Antigua del Darién, “Nadie había escrito una novela” sobre este tema.

El entrevistador y el entrevistado ignoran que, en 2007, la Editorial Norma publicó mi novela El polizón del Pacífico, que trata sobre estas lides épicas: La fundación y desaparición de San María la Antigua del Darién, la vida de Balboa y del marcador de esclavos, don Gonzalo Fernández de Oviedo, entre otros. He ahí un ejemplo de periodismo superficial que no investiga y desinforma. Fabio Martínez.  ¿Inconscientes o ingenuos? Llama la atención cómo últimamente la ingenuidad se ha ido apoderando de El Espectador, y sobre todo en la posición intelectual del editorial, ahora invocando racionalidad o sindéresis a un movimiento o grupo político antisocial, como la guerrilla, que ha ido mutando con el paso del tiempo, en sus ideales y objetivos, desde buscar, en sus inicios, un estilo de gobierno comunista para el país, hasta lo que son hoy, una banda narcoterrorista.       Si las cifras de los derrames petroleros y los daños ambientales son escandalosas, lo son más las reacciones de las elites y de los dirigentes nacionales en sus respectivos momentos históricos, y paralelo a ello, la inoperancia e inexistencia de una sociedad exigente de sus derechos y deberes, porque la historia ya está escrita en los anales de Colombia, y en ellos han quedado plasmadas las acciones y las posiciones que estas y estos han ido asumiendo con el país y con la sociedad, claro que ahora vendrá la discusión sobre la verdad, frase ambigua, manoseada, mal interpretada, que aunque etimológicamente signifique tantas cosas, lo único claro es que la verdad es la realidad de las cosas y estas, en nuestro país, demuestran la connivencia de estas elites con los delincuentes de todas las épocas y de todos los pelambres (esclavitud, tierras, minería, contrabando, narcotráfico y un larguísimo etcétera) ; lo único claro es que tanto las elites y las sucesivas dirigencias políticas se han aprovechado y/o aliado con las delincuencias, ¿o estos son partes de los apéndices que tiene el poder?             Aquí las preguntas del millón son varias, como por ejemplo, si la legalidad existe en Colombia, como lo dice la Constitución, ¿Cuándo se les va a exigir este actuar legal y conforme a las leyes, como parte del comportamiento natural, a nuestras dirigencias política, industrial, económica, educativa, cultural, y por ende a nuestras camaleónicas elites? ¿Sería distinta nuestra realidad si contáramos con elites y dirigentes honestos, esparciendo, con el ejemplo personal, la legalidad? Octavio Cruzo. 
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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