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En su edición del 31 de agosto, El Espectador publica la nota “Dudas del caso Assange”. Apartándome de la discusión de los argumentos para concederle el asilo a Julian Assange, que Ecuador analizó responsable y soberanamente y han sido ya ampliamente conocidos, deseo referirme en particular a dos aseveraciones falsas:
1. La nota dice que Emilio Palacio, columnista de El Universo, “fue demandado y tuvo que salir del país”, “por llamar dictador al presidente Correa y sugerir que habría cometido delitos de lesa humanidad”. Al respecto, debo anotar que Emilio Palacio sostuvo directamente —no sugirió— que el presidente Correa había cometido un crimen de lesa humanidad, por “haber ordenado disparar a discreción y sin previo aviso contra un hospital lleno de civiles”. Palacio llegó tan lejos en sus acusaciones, que presentó un video manipulado para hacer aparecer al presidente ordenando disparar “un tiro en el pecho” a los policías sublevados; cuando se mostró el video original, sin manipulaciones, fue evidente que decía: “Dígale que le lancen gas al presidente y un tiro en el pecho, antes de traicionar así a la patria; los que están haciendo eso son unos traidores de la patria”. Emilio Palacio fue hallado culpable de injuria calumniosa por lanzar acusaciones sin fundamentos, pero —por pedido del propio presidente— se realizó la remisión de su caso, de manera que no tiene que pagar ninguna condena ni indemnización; de hecho, puede regresar al país cuando quiera, en libertad, como cualquier ciudadano.
2. La nota dice que la extradición del bielorruso Alexander Barankov “era inminente”, hasta que “por presión por el caso Assange, Ecuador decidió liberarlo de nuevo”. No dice que el proceso ante el pedido de extradición de Barankov era llevado por la Corte Nacional de Justicia, es decir, por otra función del Estado. Tampoco explica que el Gobierno en todo momento, incluso mientras la Corte procesó el pedido de extradición, mantuvo el estatus de refugiado a favor de Barankov. Referirse a su extradición como “inminente” es una fantasía, a menos que el autor de la nota pudiera leer la mente de los magistrados de la Corte Nacional de Justicia.
Raún Vallejo Corral. Embajador de Ecuador.
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