¿Del lado correcto de la historia?

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Preocupa y molesta a la vez que el presidente Duque pregone lo que se debe hacer o no en la martirizada Venezuela, cuando él mismo no ha sido capaz de liderar las situaciones tenebrosas en nuestro país.

Les decía a los militares venezolanos hace unos días que “hay que ponerse del lado correcto de la historia”. La frase es elegante y elocuente. Pero debería primero el ilustre mandatario preguntarse a sí mismo si él está del lado correcto de la historia, cuando es tanto lo que debe hacer como primer mandatario… y casi todo, por no decir todo, ha quedado en meros discursos que se parecen más a los de su campaña presidencial.

La última columna de Cecilia Orozco (El Espectador 8-may-19) deja más profunda la preocupación por la actitud del presidente de la República y en general de su Gobierno frente a todo lo que se relacione con la paz: la sanción de la ley estatutaria de la JEP, una auténtica preocupación por los líderes colombianos —urbanos y rurales—, la desarticulación de las temibles bandas criminales, la retoma de los diálogos con el Eln y, obviamente, la erradicación de la corrupción en todos los frentes de la vida nacional, incluido el sector privado.

El lado correcto de la historia es asumir una liderazgo grande y permanente, primero en el propio territorio nacional y luego sí en el resto del continente. Y que el señor fiscal no venga a lucirse ahora denunciando amenazas contra el presidente y altos funcionarios gubernamentales. Si ellos hicieran bien la tarea que afiance y respalde las investigaciones del caso y solo diera información a la ciudadanía cuando tenga certeza de los hechos. Como expresa la periodista Orozco en la columna mencionada, eso de hacerse la víctima es casi un crimen.

¿Por qué no reacomodan a esos cientos y cientos de escoltas del temible jefe del Centro Democrático para incrementar la de los líderes sociales? Con seguridad que pone el grito en el cielo y en su infierno, pero no es justo que una sola persona acapare la vigilancia estatal en detrimento de gente que sí lo necesita realmente. Porque también es casi un crimen concentrarlos para seguirlo hasta el mismito infierno y hacerse los de la vista gorda con tanta gente buena que defiende con las uñas los intereses comunitarios. O ¿eso es para el Gobierno y su partido el lado correcto de la historia? La historia crítica, en todo caso, los juzgará y sin contemplaciones, así la historia oficial diga bellezas.

Ana María Córdoba Barahona, Pasto.

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