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Del senador Antonio Guerra de la Espriella

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En la edición del domingo de El Espectador se registra una publicación de las declaraciones rendidas ante la Corte Suprema por el señor José Gélvez Albarracín, titulada: “La confesión de El Canoso”, en donde se menciona alguna supuesta vinculación mía con actividades que desarrollaron actores al margen de la ley en los departamentos de Sucre y Magdalena.

Se afirma en el escrito que “hace algunos años en Coveñas (Sucre) conoció al senador Guerra y después, cuando viajaba a Bogotá con Carlos Mario García, alias Gonzalo, participó en muchas reuniones en las que estuvo Guerra” y que además los iba a ayudar con una emisora comunitaria.

Igualmente, que a través del ganadero Wilber Cobos se dieron encuentros en Bogotá y Barranquilla “en los que De la Espriella (sic) le pidió que le dijera a Jorge 40 que lo ayudara para las elecciones del Magdalena”, y que, según su versión, me prestaron $800 millones más el apoyo de Jorge 40 en las elecciones del año 2006.

Así mismo se anota en la declaración del señor Gélvez que estuve en Santa Fe de Ralito para tratar negocios de Coveñas y Tolú.

La declaración atribuida al señor Gélvez, además de ser mentirosa, está plagada de imprecisiones absurdas, falsas imputaciones, y no tiene un mínimo asomo de veracidad, partiendo de la base de que no conozco al señor mencionado; nunca gestioné asignación de emisoras comunitarias para ciudadano alguno; jamás visité Santa Fe de Ralito, como se puede verificar con las personas que allí pernoctaban, y mucho menos acompañado del señor Cobos, como aparece en la declaración. Si ésta tiene el origen que se menciona en la publicación periodística, ella no puede tener un objetivo distinto que poner en tela de juicio mi carrera política, que ha sido en todo momento transparente.

Considero igualmente que la presentación del intertítulo de la nota bajo la denominación de “Un senador que capotea los señalamientos”, refleja ante el lector la idea de que el suscrito evade supuestas incriminaciones investigadas por la justicia. Nada más ajeno a la realidad, por cuanto si en alguna oportunidad se me ha requerido por los operadores judiciales para que explique hechos que se me han atribuido, siempre he acudido a los estrados con diligencia.

Prueba de ello es el auto inhibitorio producido por la Corte Suprema de Justicia recientemente, por hechos de la denominada parapolítica.

Percibo con extrañeza que la autora no me consultara sobre las afirmaciones allí hechas, pues siempre he contestado a los medios, sobre todo a El Espectador. Me hubieran brindado la oportunidad de ejercer mi derecho a la defensa.

Antonio Guerra de la Espriella. Senador.

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