Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En referencia a los artículos publicados el sábado 10 de marzo de 2012 sobre las protestas en Transmilenio, quisiera agregar lo siguiente.
¿Quién tuvo la estupidez de entregar el sistema de Transmilenio a sus propios competidores? ¿Serán las mismas personas que tranquilamente dejarían los lobos a cuidar las ovejas? No se me ocurre ninguna ciudad en el mundo que permitiría que un sistema masivo de transporte público fuera manejado por múltiples empresas privadas que forman parte del mismo gremio. A Gustavo Petro le encanta París. Bien. La próxima vez que se encuentre allá, el alcalde debe averiguar quién maneja el sistema de transporte masivo en esa ciudad.
Pues ¡basta ya! Cancelen todos los contratos para volver a negociarlos en unos meses. Pero, mejor aún, no más contratos con particulares que claramente han robado a la ciudad y los ciudadanos. Esos empresarios ya tienen sus negocios, así que no pueden quejarse de una falta de ingresos.
Al mismo tiempo, yo sí culpo a las tres administraciones distritales de izquierda que llegan al poder con el ya viejo refrán de los años 60: “¡Poder al pueblo!”, y que una vez “consagrados al oficio” ofrecen otro viejo refrán: “¡Que se joda el pueblo!”.
En cuanto al precio de los tiquetes en Transmilenio, la verdad es que es una ganga. En los Estados Unidos y Europa el precio ronda los $2.500 una vía. Sin embargo, es importante resaltar que los sistemas en otros países ofrecen pases que reducen la tarifa hasta en un 25%. En Colombia, esto no ocurre. Si un viaje en Transmilenio vale $1.750, un pase sólo ofrece una cantidad de viajes al mismo precio. Así que no hay ahorro. Además, en muchísimos otros países donde el gobierno local maneja el sistema de transporte masivo existen subsidios que llegan de otras fuentes. Aquí no.
Tercero. ¡Ya no más con secretarios de Movilidad y demás secretarías afines que nunca en sus santísimas vidas han subido a un bus!
Para ellos no existe la “alegría” de tratar de subir o bajar de un Transmilenio en la estación Las Aguas a las 5 de la tarde y tener que enfrentar las barras bravas de estudiantes de Los Andes, el Rosario y las otras universidades en el Centro, quienes se mueren de la risa mientras empujan y maltratan a las mujeres embarazadas. ¡Y muchas gracias a los administradores de Transmilenio por retirar las sillas azules! Si todo el mundo viaja parado se puede meter aún más personas! ¡Genial! En ese caso, el Distrito y sus secretarías tienen la misma culpa que las familias dueñas del sistema.
En vez de culpar “a Raimundo y todo el mundo”, Petro debe cruzar la Plaza de Bolívar en sus rodillas hasta llegar a la Catedral, donde debe agradecerle a Dios que la ciudad sigue en pie. Colapsar la movilidad de una ciudad grande es malo pero superable.
Metta Anderson. Bogotá.