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El anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de romper el acuerdo nuclear con Irán, aprobado por el anterior mandatario norteamericano, Barack Obama, pone al Medio Oriente y al mundo en general en una situación de gran tensión por la respuesta del gobierno de los ayatolas iraníes, que seguramente responderán con fuertes amenazas contra el Gobierno de Estados Unidos y, por supuesto, su numeroso pueblo.
Las potencias, armadas hasta los dientes, conscientes del poder nuclear que poseen, no quieren que más países ingresen a ese cartel de los países más poderosos del mundo, precisamente fundamentados en las armas atómicas que poseen, y que en un momento dado y bajo circunstancias muy graves puedan apretar el botón y hacer desaparecer de la faz de la tierra a pueblos o naciones enteras, en un abrir y cerrar de ojos.
Pienso que por la vía diplomática el presidente Barack Obama coadyuvó, junto con la Unión Europea, China y Rusia, a llegar a un acuerdo con la República Islámica de Irán, para que ese esfuerzo científico no fuera empleado para crear una bomba atómica con la cual amenazar o someter a sus vecinos, sino que fuera encaminado para emplearse en aspectos de agricultura, energías limpias, educación y prosperidad de la nación iraní y que conllevara a la seguridad de los países de la región que tanto necesitan del desarrollo y la convivencia pacífica.
Por otro lado, no podemos olvidar que el gobierno de Irán ha amenazado repetidamente a Israel y ha manifestado la firme intención de borrarlo de la faz de la tierra. Parece que al gobierno iraní le incomoda mucho la existencia de Israel y la prosperidad de su nación.
Si echamos una mirada a la Historia Antigua, encontramos que en la antigua Persia (hablo del Imperio Medo-Persa) existió un personaje siniestro llamado Amán, hijo de Hamedata agagueo, que tramó la destrucción de los judíos y luchó de muchas maneras para llevar a cabo sus odiosos propósitos; pero al final todas sus malas intenciones se voltearon contra él y fue colgado en la horca en la que quiso matar al pacífico judío Mardoqueo.
Parece que ese mal espíritu en este momento acompaña a los ayatolas y están actuando con las mismas intenciones siniestras, queriendo desaparecer de la tierra al pacífico y noble pueblo de Israel. ¡Trump cumple también la promesa de declarar a Jerusalén como la capital de Israel!
Luis Castellanos García. Bogotá.
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