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Una carta sobre las libranzas y otra sobre la campaña del No.
Sobre las libranzas
Con relación al editorial “¿Cuándo vamos a proteger a los ahorradores?” (El Espectador, 14/09/16) lo que queda en evidencia es la incapacidad de la Superintendencia Financiera, bajo el mando de Gerardo Hernández. Cómo es posible que el negocio de las libranzas, que maneja varios billones de pesos del ahorro del público, no está bajo su vigilancia y se le haya trasladado esa función a las superintendencias de Cooperativas o de Sociedades que, con el debido respeto, poco o nada saben del control de las entidades financieras. A este nuevo fracaso de la Superfinanciera se suma el de la falta de vigilancia a Interbolsa con los repos de Fabricato, los cuales conoció desde el primero hasta el último y sólo vino a actuar cuando se quebró la sociedad; además de la falta de vigilancia al Fondo Premium, el cual conoció desde la firma del contrato de corresponsalía y nunca pidió explicaciones, y a la falta de vigilancia a Pacific y el comportamiento de su acción. Este último caso es para no creer. Se estafa a miles de accionistas de Pacific diluyendo sus acciones a $0 y el señor superfinanciero sólo tiene para decir que ese problema no es de incumbencia y que deben ir al Canadá a presentar sus reclamaciones. ¡¡¡Qué tal!!! Una compañía extranjera con sede en Canadá inscribe sus acciones en Colombia, capta dinero del público colombiano, el dinero se esfuma, y el superfinanciero se lava las mano con jabón de tierra.
Roberto Moreno Z.
Renegados de paz
El debate a lo largo y ancho del país referente al tema del “plebiscito por la paz”, cuyos opositores han hecho uso de la “democracia participativa”, concebida en la Carta Política de 1991, vislumbra, sin duda alguna, que sus críticas adolecen de argumentos sólidos y convincentes.
Sin embargo, lo que se advierte en los mentideros políticos, por las encuestas, la radio y la televisión independientes y la prensa seria y objetiva, en cabeza del diario El Espectador y la revista Semana, es que los furibundos promotores del voto en contra del plebiscito del próximo 2 de octubre hogaño, alientan una campaña que cada vez los catapulta y coloca como renegados de paz.
Por fortuna, el pueblo colombiano habrá de actuar con inteligencia y sensatez, consciente de la inmensa responsabilidad histórica que conlleva refrendar con un Sí el plebiscito y, de contera, apoyar sin mezquindad la política de paz del presidente Juan Manuel Santos, apostándoles sin odios ni rencores al perdón y la reconciliación de los colombianos, como un gesto de grandeza, en pro de una patria que demanda verdadera justicia social.
Es inconcebible que quienes se oponen radicalmente a la paz pasen por alto todos y cada uno de los puntos que hacen parte del acuerdo de negociación de La Habana, amén de que en procesos de negociación anteriores, léase Justicia y Paz, por ejemplo, apoyaron a ultranza las políticas que el Gobierno de turno implementó, sacrificando incluso elementales principios constitucionales, atentatorios de violaciones flagrantes a derechos humanos, como que para entonces no configuraron a su juicio impunidad alguna. Qué doble moral.
Orlando Morales.
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