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Dos cartas de los lectores

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Sobre una columna

En relación a la columna del Dr. John Duperly (El Espectador, “¿Impuesto a las gaseosas y toda la comida?”, 9 de octubre de 2016), lamento los descalificativos del reputado profesor en relación a la iniciativa de aumentar los impuestos a las gaseosas y bebidas excesivamente azucaradas. De catalogarla una iniciativa bienintencionada a rebajarla como “bastante inocente por no decir ignorante” no contribuye al sano debate sobre el tema. Siempre es esperado que desde su condición como médico y de su dignidad como profesor universitario pueda alimentar y nutrir el debate sin ir en detrimento de las otras partes.

Pasa por alto el profesor en su columna la diversidad de estudios epidemiológicos y de intervención que relacionan el consumo de bebidas excesivamente azucaradas con la epidemia de obesidad y sobrepeso en muchas sociedades. Aun siendo necesarias las calorías para nuestro cuerpo, como lo ha descrito en su columna, bien podría esclarecer el profesor la calidad de los tipos de alimentos que consumimos. Un pedazo de torta, por ejemplo, puede tener las mismas calorías de una porción de batata cocida. Los carbohidratos de ambos alimentos poseen diferentes formas físicas y características químicas estructurales que pueden inducir respuestas fisiológicas diferentes cuando consumidos. Ciertamente, las calorías (o nutrientes) obtenidas de alimentos como la batata y otros tantos, incluyendo frutas y verduras, pueden reducir el riesgo de enfermedades crónicas no transmisibles asociadas a obesidad cuando aliadas a buenos hábitos de vida saludable.

Carlos Mario Donado-Pestana.

Sentimiento de paz

El 26 de septiembre pasado sentí que la herencia colectiva de la paz comenzaba a ser algo más que un simple anhelo. Lo que sentí seis días después, bien lo resumió el señor de El olvido que seremos: “miedo, tristeza y desesperación”. Y el viernes pasado, en medio de una jornada de trabajo particularmente difícil, cuando comenzaron a felicitarme simplemente por ser el único colombiano de los alrededores, el sentimiento de esperanza volvió a invadirme.

Yo creo que para los colombianos la vida no es una sucesión de hechos, sino una sucesión de sentimientos. Tal vez por eso, la inmensa dificultad de decirle sí al compromiso de vencer nuestros propios sentimientos de soberbia y rencor. Tal vez también por eso siento desde el fondo de mi alma que sí vamos a lograr que el sentimiento de la paz sea un hecho tangible y sobre todo imperecedero.

Gracias, presidente, por hacernos sentir que así será.

Carlos Raúl Jiménez Fandino.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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