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Globalización
Uno de los hechos positivos de la modernidad y la globalización es que el mundo se volvió muy pequeño. Hace 50 años una carta a Europa demoraba ocho días; hoy se demora un nanosegundo. Es por ello que noticias como la condena al cuñado del rey de España, la detención del heredero de Samsung, la orden de captura en contra de Alejandro Toledo son noticias que no pueden pasar desapercibidas y que nos alientan para que las autoridades judiciales se comporten a la altura de sus pares en el exterior. La denuncia del fiscal sobre el posible ingreso de dineros a la campaña de Juan Manuel Santos sigue vigente a pesar de la carta de Otto Bula. Allí dice que “no le consta” que los dineros entraran a la campaña. Eso es obvio, no le puede constar que sucedió después de haberlos entregado al gerente de la campaña Roberto Prieto. ¿Se utilizaron para pagar cuentas de la campaña extracontables? ¿Se quedaron con el millón de dólares al estilo 8.000? ¿Fueron a parar a la Fundación Buen Gobierno? “Más claro no canta un gallo”, dijo el presidente, pero se apresuró a autoabsolverse. El que Bula diga que “no le consta” no quiere decir que Roberto Prieto como gerente de la campaña no recibió el dinero, eso no lo ha afirmado el presidente hasta ahora y la opinión pública está esperando su pronunciamiento. Por lo tanto, si en Brasil, España, Corea, Perú han caído abejas reinas, no puede ser que los administradores de la justicia en Colombia se concentren en las abejas obreras dejando un halo de impunidad que nunca va a acabar con la corrupción. ¿Será que tendremos que vivir con una corrupción reducida a sus justas proporciones, como decía Turbay?
Roberto Moreno Z.
Sacerdotes
No conformes con todo lo que ha venido sucediendo en Colombia por estos días, como son: caso Odebrecht, peleas por insultos entre políticos y gobernantes de Venezuela y nuestro país, etcétera, etcétera, hoy nos vemos inmersos en un nuevo caso de inmoralidad e impudicia protagonizado por el sacerdote William Mazo en la ciudad de Cali, quien sedujo y engañó a dos inocentes menores, profiriéndoles toda clase de vejámenes escudado en su sotana, y que a la vez desdecía de las enseñanzas de Cristo.
Tal como sucedió en el año 2009 con el también sacerdote (?) Luis Enrique Duque Valencia, quien hoy purga una condena de 18 años de prisión por un caso similar, y la Iglesia católica de Colombia conminada a pagar una indemnización por más de $700 millones, el hoy acusado y la Iglesia deben ser castigados y medidos con el mismo rasero (que es lo que más les duele, la parte económica) para, de esta manera, reparar en algo el daño causado. Basta ya de oraciones y acompañamientos morales y psicológicos que no son más que lisonjas de poca monta.
Causan risa e hilaridad las palabras del defensor de la Arquidiócesis de la ciudad de Cali, señor Wálter Collazos, quien opina que la culpa debe ser atribuida a los padres de los dos menores, víctimas de este caso, dizque por “haberlos dejado solos”, ¡por supuesto, claro que son culpables! Pero culpables por seguir las enseñanzas de la Iglesia y creer al pie de la letra que sus miembros son personas buenas y no monstruos inmorales y lujuriosos como este depredador sexual, pederasta y pedófilo, que hoy debe ser castigado de manera ejemplar.
Virgilio Duque Salazar. Bogotá.
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