Dos cartas de los lectores

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Tiranía y fotocomparendo

La Secretaría de Movilidad de Bogotá continúa abusando de los ciudadanos mediante el embargo de cuentas bancarias, sueldos y salarios resultante de órdenes de cobro coactivo, producto de fotocomparendos no notificados, sin que se haya respetado el derecho fundamental al debido proceso. Muchos de los quejosos, que se encuentran reclamando en las dependencias de atención al ciudadano, manifiestan, como en mi caso, que no habían sido informados, por la Administración Distrital, de la existencia de fotocomparendos impuestos hace más de tres años. Dado que el ciudadano no ha sido notificado, el acto administrativo no resulta oponible y por lo tanto deben acudir ante los tribunales, para pedir la nulidad y el restablecimiento del derecho, con el consiguiente costo adicional y la probabilidad de que sus demandas no prosperen por tratarse de casos de mínima cuantía. Ante una justicia inoperante y lenta, los ciudadanos prefieren pagar abultadas sanciones, a todas luces arbitrarias e injustas, guardando un silencio cómplice. Con el sistema anterior, la notificación del comparendo era inmediata y se garantizaba el pago oportuno y el debido proceso. En nuestra cultura el fotocomparendo, en muchos casos, se convierte en una imposición manipulable por la mano invisible de funcionarios arbitrarios. Es hora de que los órganos de control asuman la tarea que les corresponde ante esta evidente violación de los derechos humanos y propongan su eliminación.

Bernardo Guerrero Lozano. Bogotá.

La gestión de Maduro

Buscando el señor Maduro su reelección en Venezuela, cuánto nos gustaría oír de sus palabras la maravilla de proyecto implantado desde hace más de diecisiete años identificado como el chavismo, cómo en materia política hay una cohesión social gigantesca contribuyendo a la unión y progreso entre los venezolanos. Únicamente los que cruzan las fronteras huyendo son aquellos que temen perder sus fortunas y no por hambre, desolación y represión. ¿Que la economía está boyante? ¿Qué las empresas expropiadas han tenido un crecimiento inusitado en materia de empleo y exportaciones? ¿Qué la industria y el campo no dan abasto en producción, creatividad e innovación? ¿Qué hay comida y bienestar para todos? ¿Que el salario sobra para mantener una calidad de vida excelente? Nunca se había visto tan alta gerencia y transparencia en manos de esos militares que lo apoyan y mantienen.

El país con sus altas reservas económicas y naturales las liquidó no invirtiendo miles de millones de bolívares en hospitales, escuelas, casas para los más necesitados, así como en fábricas y agrocampo. Ese capital económico se orientó hacia la corrupción y armamento que dejaron a Venezuela quebrada y a un chavismo fracasado.

Francisco Javier Cajiao Gaitán.

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