Dos cartas de los lectores

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Conveniencia del taxi inteligente

Sin lugar a dudas, el sistema de taxi inteligente, propuesto por la Secretaría de Movilidad, pretende actualizar tecnológicamente al taxismo, al pasar del taxímetro (un medidor de carreras del siglo pasado, así sea con impresora) a la tablet (un computador del siglo 21). Para cualquier persona sus beneficios son evidentes, dentro de los cuales se destacan:

—El uso de una tablet (computador) pone a los taxistas a la misma altura tecnológica de sus competidores Uber, Cabify, etc.

—La calificación del conductor que se puede realizar a través de este sistema, va a permitir “filtrar”, de lo cual tanto adolece este gremio, del cual solo el 5 % hace quedar muy mal al resto 95 %, este 95 % son buenos conductores.

—El uso de una herramienta similar a Waze, de hecho, hace que un gran porcentaje de taxis amarillos usen rutas no convencionales, desahogando las vías principales, haciendo que disminuyan los eternos trancones, con el consecuente ahorro de tiempo del pasajero y de combustible para el vehículo.

—Se acaban las eternas discusiones entre pasajero y conductor, de cuándo y por dónde, pues la tablet va a dar el veredicto indiscutible sobre esto.

—En cuanto a la seguridad contra robo de la tablet, hoy en día existen dispositivos de seguridad, tipo guaya anclada al vehículo, los cuales garantizan que, bajo cualquier circunstancia, la tablet permanecerá en el vehículo, la inversión que se hace no se pierde.

En conclusión, entre más rápido nos subamos al bus de la modernidad, mucho mejor. Nada de pasos intermedios (taxímetros con impresión), el uso de la tablet es la decisión correcta. “La tecnología no da reversa”.

Rodolfo Niño. Expropietario de taxi.

Colombia, ¿un Estado fallido?

Sí. Un Estado que cada tantos años tiene que expedir leyes para perdonar a las mafias delincuenciales, despojadoras de las tierras campesinas, a las del narcotráfico, del paramilitarismo, a los grupos armados no identificados, a insurgentes, a delincuentes menores, a políticos y congresistas, y ahora, a magistrados corruptos, a militares asesinos, etc., es un Estado fallido y lo es porque sus instituciones son muy precarias, inexistentes en gran parte del territorio, donde sus habitantes ni siquiera saben que hay una Constitución que les garantiza sus derechos y, peor aún, donde el pueblo no acepta tener derechos porque siguen inmersos en épocas feudales y de servilismo a favor de los amos y patrones, bajo el mando de los capataces de las grandes haciendas y políticamente manejados por los gamonales de los pueblos.

M. Cristina Quiroga. Cali.

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