Dos cartas de los lectores

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Sobre el orden mundial

Después de ver las actuaciones de Trump con Ángela Merkel, Kim Jong-un, el G7, Justin Trudeau, Theresa May, la Unión Europea, la OTAN y en general todo aquel que se atraviesa en su camino, donde siempre se comporta como todo un villano de Hollywood (rufián, mentiroso, obcecado, maleducado, patán y misógino), no deja de ser sugestivo verlo actuar en estos días de forma totalmente inusual: decente, conciliador, diríase que casi subyugado por Putin. Se pregunta uno la causa de tal actitud. Existen varias posibles respuestas. Una de ellas, así ambos lo nieguen, es que Trump le debe a Putin de alguna forma, grande o pequeña, su ascenso a la Presidencia de Estados Unidos. Su conducta sugiere, así nadie lo creyere, algo de agradecimiento. Pero la más grande, sin lugar a dudas, debe ser la fascinación que debe ejercer Putin sobre Trump por su ejercicio del poder. Sin oposición o totalmente sometida a su voluntad, la prensa silenciada tras el asesinato de varios periodistas (entre ellos Anna Politkóvskaya), el que tenga el valor de oponerse puede ser eliminado, como Boris Nemtsov. Sus principales oponentes políticos controlados o encarcelados, su marioneta Medvédev recibe y le entrega posteriormente la posta de la Presidencia de Rusia, donde ya inicia su cuarto mandato. Y lo más importante, para la gran mayoría del pueblo ruso Putin es su “Padrecito”, como lo fueron en su momento Stalin y el zar Nicolás. Creo que Trump se debe relamer los labios de sólo pensar si él podría actuar en Estados Unidos como Putin lo hace en Rusia: poder mandar sin ningún obstáculo, dar rienda suelta a su megalomanía sin ninguna cortapisa, nombrar, como Calígula, a su caballo Incitatus en el cargo de cónsul o en este caso de secretario de Estado, en fin, poder hacer todo lo que quieren los seres humanos en sus desvaríos por obtener el poder. Afortunadamente, Occidente y su democracia son todavía diques de contención para esos delirios de poder que tanto les gustan a los líderes sin escrúpulos a lo largo y ancho del planeta. Lo paradójico y hasta risible, si no fuera tan siniestro y peligroso para el futuro de la especie, es que el país que actúa como defensor y garante de esos derechos haya caído en manos de quien goza de un nivel de aprobación del 87 % en el Partido Republicano, según la última encuesta.

Rubén Darío Gómez. Barranquilla.

Dictadura

¿Es cierto que estamos ante una dictadura de la corrección política? Tiendo a creer que son más bien los perezosos, que no quieren que sus palabras generen consecuencias.

Ramiro Rodríguez. Cali.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido