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Sobre una columna
“La muerte del corrector”, así titula Piedad Bonnett su columna dominical. Se refiere esta escritora de muy buena pluma al progresivo deterioro de la gramática en los medios de comunicación hablados y escritos, y advierte que ya ni los periodistas procuran escribir con corrección, y cita ejemplos.
Y si eso hacen los que estudian para escribir, del resto de profesionales que entre el diablo y escoja. En esta misma edición del periódico, el secretario del Senado, Gregorio Eljach, encabeza un acta con el incorregible error del gerundio: “Siendo las 6:01 p.m.”. Como se sabe, el gerundio es un presente progresivo, que por eso mismo no termina; como quien sale de la casa dejando haciendo el arroz (a su regreso ya se ha quemado hasta el caldero). Es fácil corregir, si se acude a la forma activa: “A las 6:01 aún no se había radicado…”, del mismo modo que salgo a la calle después de hacer el arroz y barrer la casa.
Y Piedad lo dice, el buen escritor, como el buen hablador, no se hacen en las universidades, sino leyendo, leyendo… “Sólo quien mucho lee, un día puede escribir”.
Donaldo Mendoza.
Sobre un editorial
Muy preocupados sí debemos estar por la comprometida independencia de la justicia de nuestro país, evidentemente sesgada y flagrantemente comprometida con posturas políticas. Qué lejos estamos de una justicia justa; ella y sus instituciones se debaten en la misma polarización de un país que se divide entre los que están y los que no están con Uribe. Nuestras cortes deberían estar por encima del bien y del mal, en los más imponentes altares de la moral, sin contagios partidistas o ideológicos, fungiendo de justos sabios, pero no, el diagnóstico es que sufren de la misma enfermedad colombiana.
Ojalá algún día tengamos magistrados, políticos y medios fuertes que vean más allá de los dos polos que nos dominan, que pongan su vista en lo verdaderamente importante para la gente que sufre este país de extremos en medio de la ignorancia a la que la han sometido. Estoy seguro de que al padre de familia no le importa lo que pase con Uribe, si lo llevan o no tras las rejas. A ese padre desempleado le preocupa la educación de su hijo, quiere conseguir un trabajo para poder hacerlo profesional, un sistema de salud que le dé garantías de vida, que las vías estén en buen estado para llegar a la ciudad y tantas otras cosas que están verdaderamente mal en esta Colombia. Que metan o no a un político a la cárcel sería ejemplar —si es que es culpable—, pero no le soluciona nada a la gente (que es dueña de su suerte, por votar inocentemente por ellos).
El problema personal de un personaje influyente y las decisiones de una corte no son más graves que la situación crítica de una sociedad golpeada por la pobreza, el crimen y la corrupción.
Orlando Javier Benítez.
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