Dos cartas de los lectores

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Sobre la idoneidad de la Policía Nacional

La Policía Nacional está a la altura del reto que impone la incautación de la dosis mínima de droga, como lo ha señalado el señor general Hernando Nieto R. Colombia entera, como una sola bandera, debe acompañar y respaldar a la policía frente al decomiso de la dosis mínima. La prioridad: captura de los jíbaros.

Excelente editorial el titulado “Cuidado con la represión”, de octubre de 2018. Como lo señala el editorial, la policía cada vez que obtiene una nueva potestad debe aplicarla con cuidado y con equidad, como lo ha demostrado en esta oportunidad el señor general Hernando Nieto R., al fijar protocolos de estricto cumplimiento.

Con mi experiencia como policía activo durante 40 años, señalo que esta medida logra los resultados esperados si a nuestra policía la acompañamos, la respaldamos desde las autoridades civiles en cada municipio, hasta el último humilde ciudadano, incluyendo los integrantes de las reservas de policía y militares, denunciando a los jíbaros en la línea 167.

La norma presenta efectos disuasivos frente los jíbaros, quienes constituyen bandas organizadas, y que ahora son la prioridad policial en su desmantelamiento.

Los padres de familia y profesores en colegios deben priorizar y averiguar los factores que conducen al consumo abusivo en menores.

Los medios de comunicación deben apoyar con campañas preventivas.

“Si fracasa la aplicación de la norma, la responsabilidad no es solo policial, sino de todos los colombianos”.

No se duda que el decreto es parte de la estrategia antidrogas de carácter integral que aplicarán nuestra Policía Nacional y el Gobierno, considerando las lecciones aprendidas en el pasado en la lucha exitosa y ejemplar contra los carteles de Medellín y Cali.

General Luis Montenegro R. Exdirector de la DIJIN.

Falta de educación

Apoyar la educación superior pública no debería ser un debate difícil.

Por todos lados en el mundo es claro que la educación privada excluye necesariamente a los más desfavorecidos, por más becas y por más que ser pilo pague. Para hablar de combatir la desigualdad, no hay nada mejor que la educación pública.

Y aun así, en todos los debates hay un cierto tufillo de prejuicio contra el estudiantado de las universidades públicas; el prejuicio de que todos somos guerrilleros de izquierda ha llevado a los próceres de la patria a no querer invertir como se debe. No se han dado cuenta de que no solo perdemos nosotros, sino el país entero.

Sara Uribe. Medellín.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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