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Sobre la desidia
Si bien en la educación está nuestra principal falencia, creo que la desidia agrava nuestra situación, aunque esta bien puede ser consecuencia de la mala educación. El manejo de los residuos sólidos es uno de los mayores problemas que nos agobian, pero poco hacemos en su beneficio a pesar de tenerlo patente día a día. En todos los municipios del país, salvo contadas excepciones, la generación de basuras sobrepasa nuestra capacidad para gestionarlas y por ello el problema crece sin pausa.
Hablo de desidia, pues a pesar de tener detectado el problema y desde hace años reglamentada su mitigación (decretos 2891 de 2013 y 596 de 2016, en teoría de obligatorio cumplimiento), nadie hace nada: ni las autoridades ni los núcleos familiares. Es más, lo poco que hacemos los ciudadanos separando los desechos lo destruyen las empresas recolectoras de basuras al mezclar indiscriminadamente en un solo tambor lo orgánico con lo inorgánico.
Entiendo que algo se hace en ese sentido en algunas capitales (Bogotá, Medellín…), pero urge un liderazgo nacional (Minambiente, Supersalud…) para que por lo menos empecemos a recorrer este largo camino del saneamiento ambiental. Lo que hoy todavía resulta económico de enfrentar puede resultar costosísimo aplazar.
Gabriel Rivera Giraldo
Ayudemos legislativamente a Transmilenio
La empresa de transporte colectivo Transmilenio, del Distrito Capital de Bogotá, es hoy por hoy la más importante del país y merece, por el servicio que presta, la máxima protección del Estado por intermedio de todos sus órganos del poder público.
El poder legislativo, por tanto, independientemente de la orientación política de los congresistas, debe expresar su ayuda a esta empresa y protección legislativa, expidiendo, cuando menos, una ley de carácter penal, con mensaje de urgencia si es necesario, con la cual se tipifique el acceso ilegal y abusivo al servicio colectivo de transporte prestado por entidades públicas, privadas o mixtas, como lo hacen Transmilenio en Bogotá y entidades similares en Medellín y Cali. En este empeño pueden tenerse como ejemplos los contenidos legislativos de los artículos 256 y 257 del Código Penal y, operativamente, la Ley 1826 de 2017.
Los congresistas tienen la palabra y Bogotá, como capital de la República, es una ciudad cosmopolita de todos los colombianos y merece, con urgencia, una ayuda legislativa que contenga la avalancha de “colados” que hacen uso para sus desplazamientos de Transmilenio en forma abusiva y sin costo alguno. Recuerden, señores congresistas, que ustedes representan al pueblo y que deben obrar, en todos sus actos, consultando la justicia y el bien común, como se indica en el artículo 133 de la Constitución política.
Rafael Aguja Sanabria
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