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Cien de Iván Duque
“A los colombianos les empieza a gustar el estilo del Gobierno Duque”. Después de sumar y restar pasa el período de prueba.
Empieza a gustar, pasó la página de la confrontación y surge como agente de cambio de las malas costumbres que se entronizaron en los últimos años: odios, descalificación, apaciguamiento en la lucha contra el crimen, relajamiento de la justicia, gobernabilidad enmermelada, la ética arrollada. Hay más.
Encuentra apoyo cuando da señales inequívocas con su narrativa de no polarizar y “busca lo que une y supera lo que divide”, construye sobre lo construido; nada de lupa o retrovisor, como lo anunció en campaña, lejos del gatopardismo, “de cambiar todo para que nada cambie”, lo que no significa que todo lo anterior sea intocable y no sea necesario hacer uno que otro arqueo o retoque.
Duque acerca, recibió un país fracturado y está llamando a la unidad nacional, busca gobernabilidad sin contraprestaciones y en el manejo de la herencia más sensible, el acuerdo de La Habana y el que se inició con el Eln, ha dado muestras de continuidad al visitar un centro de rehabilitación y reincorporación así como fijando reglas claras al Eln para reiniciar el proceso.
El presidente sumó puntos cuando retiró a Colombia del embeleco de Unasur, denunció al sátrapa venezolano en la CPI, Europa lo respaldó en su visión sobre el gobierno Maduro y con en el manejo humanitario que le ha dado a la diáspora que vive ese país.
Hernán Salazar Hurtado, Armenia.
Llegó la hora
Lo que pretende el presidente Duque es mejorar la vida del campo enviándonos a los citadinos a comprar productos de la canasta familiar a las plazas de mercado y no es mala idea. No lo ha dicho “de frente” porque se le vendrían las grandes superficies encima. De tal manera que procedamos mercando en las plazas públicas; reitero, no es mala idea y manos a la obra; los productos que no se consigan en estas plazas, pues los adquirimos en los supermercados y todos quedamos contentos; además estaríamos coadyuvando con el mejoramiento del campo y del campesinado “sin querer queriendo”. El déficit fiscal de $14 billones no lo va a conseguir con esta medida, que es ínfima por donde se le mire con relación al déficit real, que puede alcanzar los $42 billones. Así que esperamos también que elimine la burocracia que dejó Santos, con 35.000 empleos estatales o más entre embajadas, ministerios nuevos, corbatas y batallones de escoltas y salarios a los desocupados de las Farc de $1’800.000 mensuales. Que reduzca el Congreso a su mínima expresión sostenible, quienes en primer orden deben colaborar; sostenible en el estricto sentido de la palabra, porque llegó la hora o nos reventamos.
Fabio A. Ribero Uribe.
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