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Pederastia, ¿abuso divino?
Durante años cientos de jerarcas de la Iglesia católica han abusado y violado a miles de niños en todo el mundo, aprovechando el fuero clerical con la complacencia y laxitud de una justicia ordinaria ciega y vergonzosa que apenas comienza a investigar los más horrendos actos de pederastia contra víctimas que han callado y sufrido el infierno enmascarado en una milenaria fe mojigata, abusadora, errónea y peligrosa. Una fe que ha fundado su existencia en demonios imaginarios, cuando los propios demonios cobran vida en carne y hueso de cada sacerdote abusador y de los grandes jerarcas que los encubren, desencadenando el más grande y doloroso episodio de abuso sexual contra niños en nombre de la fe.
La fe ya no se viste de idolatrías a ciegas, la fe ya tiene ojos, los ojos de aterrorizados niños que hoy claman justicia y de adultos que callaron obedeciendo el “secreto de confesión”que sus verdugos hicieron que guardaran una y mil veces, pero que su cuerpos y sus almas hoy gritan para que cese la doble moral de una iglesia indigna.
Es difícil mantener una fe con pederastas como mensajeros de Dios, es difícil creer en una iglesia con un manto que ya no le alcanza ni para encubrir los errores propios, pero más doloroso es aún, que los abusadores sean juzgados por tribunales eclesiásticos conformados por miembros que también han sido acusados de violaciones, jugando a cerrar casos y a imponer irrisorios castigos con traslados a otras diócesis o expulsiones canónicas por actos endémicos que bien podrían llamarse “abusos divinos”.
Nada cambiará radicalmente hasta que exista una verdadera voluntad desde el Vaticano para ordenar que sean develadas todas las investigaciones y sentencias de los tribunales eclesiásticos que siguen estando bajo secreto pontificio.
Ni siquiera existe ley divina que contenga la pasividad, el silencio y el encubrimiento de la Iglesia católica en los casos de pederastia. ¡Oh! Han violado nuestra fe.
Astrid Llano Restrepo. Comunicadora y especialista en gerencia social.
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