Dos cartas de los lectores

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Celibato del clero católico

En la Biblia, Génesis 2:18, dice que “no es bueno que el hombre esté solo”. En el clero católico el celibato es uno de los asuntos más controversiales y discutibles. Como ocurre con los clérigos y pastores de otras religiones cristianas, muchos de los sacerdotes y religiosas desean tener una vida afectiva y sexual similar a la de las demás personas, formar una familia, ver crecer a sus hijos, jugar con los nietos y malcriarlos en la vejez. Muchos de los problemas de abuso sexual que la Iglesia está enfrentando en este momento, y que el papa Francisco ha afrontado con valentía y gran inteligencia, se solucionarían, al menos parcialmente, si el celibato de sacerdotes y religiosas fuera optativo, no obligatorio. Como lo es en otras iglesias, cristianas y no cristianas, y como lo fue entre los católicos durante siglos. El matrimonio (incluyendo el matrimonio igualitario) seguramente será una de las muchas alternativas para solucionar la grave crisis de la Iglesia católica de hoy. El matrimonio igualitario afortunadamente existe en los países con mayor desarrollo social y humano, incluyendo a Colombia. Quien desee amar a otra persona (hombre o mujer) debe tener el derecho de hacerlo, no importa si ha decidido dedicar su vida a servir a los demás. Claramente, “no es bueno que el hombre esté solo” como afirma la Biblia, ni tampoco que lo esté la mujer, obviamente.

Rubén Ardila, Ph.D.

Recuperación del río Bogotá: ¿verdad o mentira?

A veces las utopías se vuelven realidad. Una de ellas es la recuperación del río Bogotá, uno de los más contaminados del mundo. Nace en el páramo de Guacheneque en el municipio de Villa Pinzón (Cundinamarca) y desemboca en nuestro río insigne: el Magdalena, con una longitud de 165 kilómetros. Al río Bogotá va a parar de todo: basura ciudadana, informática, industrial, hospitalaria, curtiembres y todo cuanto existe. Las anteriores administraciones han utilizado la recuperación del río como lema de campaña, pero después el olvido hace lo suyo por falta de gestión, pero no por falta de dinero. Los guardabosques y ambientalistas hacen lo suyo, pero el problema es de fondo y no de forma. Ojalá esta utopía de la recuperación por más de 50 años se vuelva una realidad. El río Bogotá muere lentamente. Los medios de comunicación están en mora de hacer campañas de concientización, para despertarnos el respeto que merecen nuestros ríos, siendo Colombia uno de los países con recursos hídricos más caudalosos del mundo. Es tarea de todos recuperar y cuidar el río Bogotá, para poder disfrutarlo.

Helena Manrique.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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