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Barranquilla y su aviación centenaria
Junto con la celebración de los 206 años de haberse erigido en villa la capital de Atlántico, cuna del nacimiento del fútbol, la navegación por el río Magdalena y la radiodifusión comercial, destaca en estas fiestas abrileñas el advenimiento hace 100 años de la aviación de correo, carga y pasajeros.
Un año después de finalizada la Primera Guerra Mundial, un grupo de empresarios colombianos y alemanes convienen en fundar una empresa de aviación registrada bajo la razón social de Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo, Scadta. Ellos son Ernesto Cortissoz, presidente de la junta directiva, Jacobo A. Correa, Alberto Tietjen, Cristóbal J. Restrepo, Arístides Noguera, Rafael María Palacio, Stuart Hossie y Werner Kaemerer. Era el año de 1919.
Los primeros aparatos fueron hidroaviones monomotores metálicos del tipo Junker, que acuatizaban en el hidropuerto Veranillo, en el río Magdalena. El primer aviador fue el alemán Fritz Hammer, que tripuló las primeras rutas comerciales, y Jorge Correa, el primer barranquillero aviador. El primer avión, bautizado Colombia, comenzó a volar en 1920. En 1921, Scadta construyó el aeropuerto de Soledad.
Finalmente, Scadta, después de haberse consolidado con otra empresa, el Servicio Aéreo Colombiano, Saco, del empresario Ernesto Samper, llegó a su fin cuando en 1939, comenzando la Segunda Guerra Mundial. Un austriaco, socio mayor de Scadta, vendió todas sus acciones a la Panamerican Airways y así desapareció la empresa alemana, dando lugar a las Aerovías Nacionales de Colombia, Avianca.
José Portaccio Fontalvo, Bogotá.
Adiós a Alberto Cortez
José Alberto García Gallo (Rancul, Argentina, marzo 11 de 1940 – Madrid, España, abril 4 de 2019) ascendió como los grandes. Adiós, Alberto Cortez. Viajas justo fuera de la tierra, el “día del perro callejero”, “era callejero por derecho propio, su filosofía de la libertad”, “a mis amigos les adeudo la ternura”, “cuando un amigo se va”. Cantautor argentino, poeta, filósofo cotidiano, deja su música con versos de luna llena y acordes de guitarra en las noches tristes de piano y poesía arrulladora. Pocos son los letristas que logran que trascienda su verso a través de la armonía. Estoy segura de que no solo en Colombia, sino en el universo español de la palabra, ronda la nostalgia de lo bello, lo eterno y lo poético. Los poetas no mueren, trascienden con la luz de las estrellas. Lo Cortez no quita la tristeza.
Helena Manrique Romero, Bogotá.
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