Dos cartas de los lectores

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De Osuna a Lorenzo Madrigal

Con el respeto y la admiración por el maestro Osuna y su insuperable pluma para expresar en hábiles y sabias líneas y rasgos el espíritu vivo de nuestra nación trascendente, como el regalado el lunes en homenaje al nunca bien lamentado doctor Álvaro Gómez Hurtado, permítanme en cambio contrastarlo con el nada ecuánime y subjetivo Lorenzo Madrigal en el texto donde se va lanza en ristre una vez más contra la tarea de defender la paz de los colombianos, saltando cual gacela por la historia y reduciendo las secuencias que han llevado al país al estado de pugnacidad política en que se encuentra y del que, trabajosamente, lucha por salir.

Simplificar los enfrentamientos político-religiosos Gómez-Echandía, por ejemplo, para caer en la debacle del 9 de abril como consecuencia de la impronta gaitanista es, por lo menos, brincar miope y solapadamente el sectarismo conservador iniciado con Mariano Ospina Pérez a partir del año 46 y la inconclusa lucha fratricida entre azules y rojos, pájaros y collarejos, metamorfoseados a través de los años en guerra de guerrillas, al modo del contagio de las luchas internacionalistas prosocialistas y de derecha fascistas, hasta llegar a la degradada mercantilización delincuencial y corrupta de la mayoría de los grupos insurgentes actuales.

Antonio Ramírez Caro, Bogotá.

Se nos fue Juan Vicente

Juan Vicente Torrealba Pérez, el gran orgullo de la música tradicional venezolana, falleció a los 102 años, dejando escrita la historia folclórica y sonora de la república hermana.

Cuando lo conocimos, con toda su admirable familia de artistas, pudimos compartir en varias ocasiones y en medio de tertulias su amplio conocimiento sobre la música colombiana, tanto que con su arpa grabó porros como Lamento náufrago y Viento verde, de nuestro centenario maestro Rafael Campo Miranda, y además compuso la letra y música del pasaje Flor colombiana en homenaje a la belleza femenina.

En 2017 al arribar felizmente a su centenario, el Festival del Joropo en Villavicencio y toda la radio llanera le rindieron un justísimo homenaje con presencia de varios de sus hijos, en contraste con el rechazo que algunos venezolanos le habían manifestado al maestro, en el sentido de que hubiera aceptado un altísimo reconocimiento de la Presidencia de su nación, a nombre de la república vecina.

Se nos fue Juan Vicente, pero quedan para siempre las notas musicales de sus cientos de canciones, todas exitosas, destacando su Concierto en la llanura y su bellísima Sinfonía en el palmar.

José Portaccio Fontalvo, Bogotá.

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