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“¡Qué pesada! ¡Qué dramática!”
Nuestro querido mundo navega actualmente como una especie de Titanic que ha chocado contra el inmenso iceberg del calentamiento global y sigue su curso hacia un letal naufragio. Los capitanes que lo conducen niegan que la avería del barco sea tan grave y tan definitiva, y quieren que el barco siga su rumbo inexorable, sin que sean capaces ni de arreglar los desperfectos del tremendo choque ni mucho menos superarlos con las medidas oportunas que impidan la inevitable catástrofe.
Y no se trata de un “problemita”, como dice un comentarista de El Espectador. Estamos ante el más grave problema que ha tenido que afrontar nuestro planeta y la humanidad que lo habita.
Una joven sueca despertó de su sueño de paz y bienestar, de sus pequeñas preocupaciones estudiantiles, de su jardín florido de una infancia feliz y comenzó a gritar aterrorizada frente a la hecatombe que vio aproximarse no solo a su propia vida, sino al mundo entero. Su grito llegó a las Naciones Unidas y se extendió por todo el orbe. No era nuevo, pero sí convincente, conmovedor y toda una lección para jóvenes y adultos. Su lucha gana cada día adeptos y continúa. Ojalá nos empuje a todos a unirnos a esta gran causa, que no es otra que la supervivencia de la humanidad.
“¡Qué pesada! ¡Qué dramática!”, decía el olímpico comentarista. Pues ni pesada ni dramática, digo yo. Admirable e imitable. Tan solo se requiere un poco de humildad y otro poco de compromiso. Voluntad para asumir las consecuencias de su grito y sus consignas. Nos va la vida en ello.
Francisco Tostón de la Calle “Pachito E’ché”
En 1949 los colombianos fuimos gratamente sorprendidos al escuchar por primera vez las notas armoniosas de un tema musical que comenzaba a tomar fuerza popular, escrito en ritmo de son paisa y titulado Pachito E’ché, grabado en Bogotá por la voz de Jorge Noriega, hermano de Carlos Augusto Noriega, el Tigrillo, quien años después fuera el emblemático ministro de Gobierno del presidente Carlos Lleras Restrepo.
Pachito E’ché lo escribió y grabó el violinista, clarinetista y saxofonista bogotano Wolfrano Alejandro Tovar Duque, más conocido como Álex Tovar y su orquesta del Hotel Granada, dedicado al empresario Francisco Echeverri, administrador del mencionado hotel. El desaparecido sello Tropical de Barranquilla lo prensó, es la versión más escuchada después de 70 años de grabada y sigue teniendo vigencia. El equipo de fútbol Deportivo Cali lo acogió como su himno.
Meses después los cubanos Benny Moré y Dámaso Pérez Prado lo internacionalizaron grabándolo en México como mambo, el ritmo de moda. A partir de ahí se han grabado más de 100 versiones, según cuenta el investigador musical Carlos Echeverri, familiar de Francisco.
Saludamos estos 70 años de Pachito E’ché, que todavía se sigue escuchando en su versión original, pues no es música desechable.
José Portaccio Fontalvo Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.