Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El hospital de Villavicencio, ejemplo de negligencia gubernamental
En el 2015, el cuerpo de bomberos informó al hospital que no cumplía con los estándares mínimos contra incendios, pero esta no ha sido la única advertencia; cuando inició la pandemia se le advirtió a la Gobernación que era el momento de mejorar el hospital, el más importante de toda la región, y no acató el llamado.
Este tipo de abandono gubernamental tiene a empleados del hospital con salarios represados, una UCI incendiada, falta de equipos y quién sabe cuántos más problemas. Desde hace mucho se habla de la construcción de un nuevo hospital, pero cuando se tuvo la oportunidad con la emergencia sanitaria se prefirió pagar unas UCI de campaña incómodas y transitorias que realmente resolver el problema de toda una región.
La respuesta del Ministerio de Salud y la Gobernación del Meta es cruzarse de brazos y llamar a la solidaridad, cuando el debate debería estar concentrado en la remodelación total o construcción de un nuevo hospital; pero no, la región de los llanos orientales no le importa al Gobierno central. El narcotráfico crece en el sur del departamento, quieren vender la empresa de energía, no contamos con una vía de calidad pero sí con los peajes más costosos del país y, por supuesto, gracias a la negligencia gubernamental, el hospital departamental de Villavicencio se encuentra tan descuidado que no tiene ni certificado bomberil, situación que se convierte en un riesgo para cada uno de los pacientes.
¿La Orinoquia hasta cuándo debe aguantar el olvido gubernamental?
Andrés Zamora Pardo.
De qué estamos hechos
Orden y violencia política caracterizan el régimen oligárquico colombiano, hecho que explica el asesinato político como acción válida presente en la historia colombiana, que define la política en términos de amigo-enemigo, por ende, sin oposición. Militarizar las relaciones sociales; cimentar la impunidad, el robo del erario como algo natural; la insolidaridad y la complicidad como sociedad ante las masacres, los asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos, los desplazamientos masivos que nos informan a diario los medios, y el atávico desprecio por la vida son los contenidos propios de nuestra cultura. Si queremos construir la paz, tenemos que saber de qué estamos hechos, para comprender qué hacer y asumir el compromiso individual y social, para que este horror no vuelva. Por eso requiero la verdad como sociedad y como individuo.
Ernesto Guarnizo Llanos
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com