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A propósito del metro, elevado o subterráneo
Concuerdo plenamente con Patricia Lara Salive en su estupenda columna del viernes pasado, a la que me permito agregar:
Señor presidente Petro, ya quedó clarísimo para las generaciones actuales y siguientes que al asumir la alcaldía su sucesor, él ignoró y tiró al tiesto las estratigrafías y los avanzados estudios de suelos y anteproyectos de varias estaciones para el metro subterráneo, que en 2012 costaron cerca de $150.000 millones, por lo que el entonces contralor le abrió investigación.
Peñalosa lanzó su idea del elevado, sin estudios que lo respaldaran y descalificando el subterráneo sin pruebas ni argumentos serios. Además, todos hemos visto en noticieros, una y otra vez, un supuesto diseño de una hermosa estación, ¡una sola, pero, eso sí, muy “linda”!, que no existe sino en un imaginativo render, a menos que nos mostraran planos. Pero, presidente, para ese capricho del exalcalde ya en el gobierno de Claudia López se surtieron muchos pasos legales y técnicos, por lo que, acepte, ya no hay marcha atrás.
Si usted insiste en el subterráneo (que muchos creemos que tuvo razón), la ciudadanía lo marcará para siempre como funesto y terco culpable por los descomunales sobrecostos y las demoras que tendría. Le sugiero que le ceda la culpa al que lo saboteó. De frente dígale al exalcalde que usted hizo hasta donde pudo y lo dejaron; que él, Enrique Peñalosa Londoño, y la alcaldesa Claudia López Hernández asuman ante la ciudadanía y la historia los destrozos y los inconmensurables e invivibles trancones que durante varios años nos impondrán y sufriremos los bogotanos. Así como que ellos y los sufrientes contribuyentes presenciemos, cuando por fin circule su famoso elevado, el desastre paisajístico y social resultante que nos legaron, al lado de esas enormes columnas acumuladoras de basuras, bajo la sombra que a su vez, oh, paradoja, anulará la creación de quien concibió y puso en marcha el Transmilenio.
Camilo Mendoza Laverde. Arquitecto, M. Sc., profesor universitario.
Planes de acción para tratar las violencias de género
Celebro que el Ministerio de Educación haya obligado a las instituciones de educación superior a generar protocolos de atención a las víctimas de acoso sexual o violencia de género en las universidades. Estudié en los años 80 en una de las más prestigiosas universidades del país y vi con tristeza la impunidad de estos actos. Profesores que acosaban o que maltrataban a las estudiantes, solo por ser mujeres. Los primeros las perseguían, las obligaban a ir a sus oficinas, las chantajeaban con notas o las seducían. Los segundos manifestaban en las clases, sin ningún reparo, la superioridad intelectual de los hombres y la importancia de formarlos a ellos, porque las mujeres solo estaban en las universidades para conseguir marido.
Ojalá los protocolos de atención incluyan un proceso disciplinario para el agresor y se escuche a la víctima.
Jacqueline Benavides Delgado.
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