La Iglesia tiene que hacer mucho más
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A propósito del editorial de El Espectador del 13 de febrero de 2023, en la asamblea de obispos realizada en Bogotá se reconoció que el abuso sexual es un crimen y que ha habido pederastia, es decir, abusos sexuales en niños y niñas. También ha habido relaciones sexuales con personas adultas, para este caso mayores de 16 años. Especialmente en los pueblos hay muchos hijos de curas que pasan ocultos por temor reverencial. Al cura no se le puede acusar de pecado, porque acusarlo es un pecado. El religioso y la religiosa tienen un poder dominante, hoy menos que antes, como lo tienen los directivos de otras iglesias y se les hace fácil obtener acceso sexual con sus feligreses y en colegios con los estudiantes. Esos abusos sexuales y en muchos casos recibir aportes económicos importantes se dan en muchas iglesias o congregaciones. Algunas han comenzado en viviendas modestas y terminan en palacetes y edificios dedicados al culto, construidos en una o varias cuadras y con adornos valiosos. Además del perdón y del castigo penal que es procedente en estos casos, es necesario para la sobrevivencia de la Iglesia que el papa Francisco decrete que el celibato sea opcional y se reforme el Código de Derecho Canónico que, en palabras de la Corte Constitucional y del Consejo de Estado, no es una ley sino el reglamento de una institución de carácter privado. Ningún reglamento puede ser contrario a la Constitución y a las leyes de Colombia. El celibato en Colombia es inconstitucional y en estricto sentido no debe ser acatado porque viola los derechos al libre desarrollo de la personalidad, al trabajo y a constituir una familia. El ser humano que debe luchar contra su necesidad sexual puede terminar en prácticas sexuales no castas.
P. D. En breve el Sr. arzobispo Luis José Rueda Aparicio, primado de Colombia, será cardenal. Se lo merece y Colombia lo merece.
Carlos Fradique-Méndez Sr. Abogado y profesor.
Los sacrificios de la movilidad en Bogotá
Mirando el editorial que publicaron sobre el caos que se ve en la ciudad, es evidente la falta de compromiso y seriedad de los mandatarios que pasan por Bogotá. Es ilógico que en campañas políticas hagan promesas que al cabo del tiempo no cumplen; es más, hacen lo contrario a lo que propusieron. En todas las ciudades del mundo existen trancones, pero no en ellas existe el famoso pico y placa, que lo único que ha hecho en estos años es poner a la ciudad en búsqueda de soluciones de movilidad. Ahora, otro tema que no toman en cuenta son los vehículos particulares necesarios trabajar, y no me refiero a los que trabajan en aplicaciones sino a los que son usados por vendedores de empresas, a los que son usados por los dueños de pequeños negocios para ir a comprar mercancía. Eso mueve la economía, pero no, aquí premian es el “no hagan, no saquen, no, no y no, o si no pague”. Ese es otro tema: si todo mundo pagara, ¿qué harían? Aguantarse los trancones, porque pagaron. El asunto es que, como bien dicen en los medios quienes salen a protestar, los mandatarios de turno “tomaron a los dueños de carro como caja menor”. Tenaz.
Luis Enrique Camacho Avellaneda.
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