Dos cartas sobre la muerte de Fernando Gaitán

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Sobre la pérdida de Fernando Gaitán (I)

Hay genios que duran poco y hay seres corrientes que perduran. En Colombia, cuando se hacía televisión normal, hace más de 20 años, no pasaba nada expectante internacionalmente, hasta que surgieron títulos como Azúcar, Café con aroma de mujer y obviamente Yo soy Betty, la fea, que trascendió internacionalmente volviéndose icónica producción en toda América, Europa, Asia, África y Oceanía.

El responsable: un bogotano sin pretensiones ni aspavientos, llamado Fernando Gaitán Salom, quien murió en Bogotá de un infarto fulminante el 29 de enero a los 58 años.

Este 2019 sería un año clave para Gaitán, por contratos internacionales recién firmados, y desde el más allá no habrá quién lo reemplace. Adolecemos últimamente de libretistas que marquen una pauta importante. La ramplonería, los narcolibretos, la desnudez repetitiva, los realities vulgares y baratos marcan la sintonía, pero esa es la industria y a eso se le apuesta.

El mundo entero se ha pronunciado frente a este hecho luctuoso porque lo bueno dura poco. Gracias, Gaitán, usted ya ascendió, pero los actores, directores, técnicos y sobre todo el público, que es el máximo juez, quedan huérfanos del talento, gracia, sencillez y genialidad con que usted alcanzó lo que pocos jamás han logrado ni lograrán, ser genial sin darse cuenta. Los libretistas como usted no mueren, trascienden con la luz de las estrellas.

Helena Manrique Romero

Sobre la pérdida de Fernando Gaitán (II)

El mejor homenaje que se merecerá siempre Fernando Gaitán Salom es que los colombianos seamos más respetuosos con Colombia y la institucionalidad. Cuando se recuerda a Café y Betty, al instante caemos en la cuenta de que no necesitó regodearse con cosas soeces, sino que rescató el alma que la mayoría de los colombianos tenemos, amiga del trabajo y de la creatividad en variadas ramas del saber. Fernando Gaitán fue digno familiar de ese gran periodista y escritor Álvaro Salom Becerra, quien tampoco necesitó argumentos pestilentes para crear sus obras literarias. Colombia espera que ciertos libretistas no le sigan haciendo daño bestial al país con obras que no reflejan para nada el alma de los colombianos. Los pollos peletas son una ínfima minoría.

Rogelio Vallejo Obando

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