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Segunda vuelta
Una vez decantadas las aspiraciones presidenciales de 2022 en la primera vuelta, quedaron como expresión ciudadana más de 15 millones de votos contra el gobierno del presidente Duque y una intencionalidad de cambio por parte de los sufragantes que deja en el escenario a dos candidaturas con tal propósito, pero que encarnan posturas y estilos distintos en la forma de gobernar, que podríamos diferenciar así: la una, centrada en el desconocimiento de la geografía del país y la Constitución Política; la otra, con el conocimiento tanto de la geografía como de la institucionalidad de Colombia; la una, con una comunicación a la ciudadanía en forma práctica y efectista; la otra, con una comunicación construida en la elaboración de un discurso racional; la una, dejando entrever la capacidad del sentido común para administrar y con la idea básica de que es un asunto de saber las cuatro operaciones matemáticas y aplicarlas al gasto público; la otra, con la idea de administrar bajo la ecuación algebraica del ingreso-gasto; la una, con la táctica de que la corrupción se ataca bajando el gasto suntuoso en las entidades del Gobierno, el Congreso de la República, las embajadas, etc.; la otra, atacando la corrupción en forma estructural, fortaleciendo la Rama Judicial. En ambas candidaturas hay narrativas de cambio con diferentes estilos y formas de expresión, pero el interrogante mayor es cuál candidatura tendrá la capacidad de conformar equipos de gobierno para sacar adelante sus propuestas, a sabiendas de que en ambas personalidades hay asomos de excesos de individualidad, de capricho y de terquedad, que podrían desembocar en autoritarismo, bastante nocivo para el ejercicio del poder público en un régimen presidencialista como el nuestro. Las dos propuestas de cara al cambio son atrayentes para el grueso de la ciudadanía, lo que no se sabe es cómo responderán las élites una vez afectadas por las decisiones del gobernante elegido y posesionado. Lo que tampoco se sabe es cuál será el grado de respeto de quien resulte elegido y posesionado para con la democracia, para con la autonomía de las ramas del poder público y para con quienes ejercen el periodismo crítico.
Luis Fernando Loaiza Castaño.
A propósito de “me voy del país”
Se ha vuelto recurrente escuchar esta frase, pero si vemos a quienes hacen esta afirmación son ciudadanos negativos que nunca han aportado nada al desarrollo de Colombia y que, si se van, pues no van a hacer falta. A este país le falta gente berraca que aporte, sea cual sea el presidente, para que podamos vivir mejor, en paz, y disfrutar las bellezas que tiene nuestro hermoso territorio.
Hernando Duarte.
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