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Un rebrote de violencia
En los últimos días vivimos en nuestro país dos masacres aterradoras que definitivamente ponen los pelos de punta. La primera fue el 11 de agosto, cuando cinco niños fueron asesinados en Cali, donde hasta ahora no hay un reporte policial del caso y los hechos están totalmente nublados. Por otro lado, el domingo amanecimos con la triste noticia de que a ocho jóvenes se les había arrebatado la vida mientras estaban en una finca en Samaniego, Nariño.
Estos dos hechos atroces hacen que comencemos a repensar Colombia, repensarla para decir que hemos estado retrocediendo, que ya no son solo los líderes sociales quienes están en riesgo, sino también nosotros, los jóvenes, los niños que salen a jugar a la calle en su tiempo libre como única manera de desestresarse de esta pandemia que vivimos.
Ahora ya no solo nos toca convivir con un virus que nos arrebata la vida de la noche a la mañana, sino también volvió el miedo, no al COVID-19, sino a un rebrote de una nueva oleada de masacres, que nos pinta un panorama tan parecido a los últimos años del siglo pasado. Cada día es otro hecho tormentoso que nos hace salir a redes a decir lo inconformes que estamos con la seguridad, con la protección de la vida en Colombia. De allí surge entonces la pregunta: ¿qué está haciendo el Estado para preservar nuestros derechos? Porque en dos años de gobierno las masacres solo han aumentado. Ya no podemos vivir de trinos que nos aseguran una calidad de vida, estamos llegando a un pico, pero no solo al pico del coronavirus, sino al del derrame de sangre en cada parte del país.
Ojalá solo nos tuviéramos que preocupar por cuidarnos de la pandemia, por salir a la calle con tapabocas y lavarnos las manos, pero además de eso existe el temor y el pensamiento de qué otra cosa irá a ocurrir, qué otro hecho atroz tendremos que presenciar y, sobre todo, quiénes serán las próximas víctimas.
Catalina Córdoba Durán
Sobre un editorial
Completamente de acuerdo con su editorial del 16 de agosto, “¿Y si le damos una oportunidad a la política?”.
Lincoln dijo: “Una casa dividida contra sí misma no se sostendrá”. Lo dijo antes de la Guerra Civil estadounidense. Buscando las palabras correctas que él dijo, también vi que fueron palabras de Jesús en tres de los evangelios.
Lo que vemos aquí es odio entre los nuevos partidos. Las señales de más disturbios civiles parecen ser inminentes.
El problema de Colombia no es la izquierda o la derecha. Somos nosotros los colombianos, los humanos. No nos escuchamos y como resultado no nos permitimos algo en común. Parece que ni siquiera es “encontrar” algo en común y más bien “no permitir” algo en común.
Sin diálogo no hay sinergia. Solo destrucción a muchos niveles.
Carlos F. Gómez
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