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En El Espectador del 26 de septiembre se publicó una nota sobre las trabas al aborto en Colombia.
Se afirma que “Aún existen barreras para que las mujeres puedan acceder a la interrupción voluntaria del embarazo en las tres causales que la Corte Constitucional aprobó en mayo de 2006”.
El aborto es un recurso excepcional y además el último para interrumpir el embarazo. La Corte Constitucional lo despenalizó en tres casos. En verdad, fue solo uno: en el caso de violación. Los otros dos son aceptados por la doctrina, pues prevalecen la vida digna y la vida de la madre.
Para evitar el aborto masivo, es necesario que haya una política de gobierno seria, pública, sin tapujos, para formar personas comprometidas con la progenitura responsable. Entonces los embarazos no deseados, los no planificados, serán esporádicos. Una preparación anticipada con asesoría médica eficaz evitará al máximo fetos con malformaciones o embarazos que pongan en peligro la vida de la madre.
Queda en el vacío el embarazo fruto de violación sexual. Para el aborto no es suficiente con decir “fui violada”. La afirmación debe ser seria y creíble. Se trata de denunciar un delito muy grave. De lo contrario se estaría legalizando el aborto libre bajo el ropaje de la presunta violación.
Colombia debe comprometerse con una campaña eficaz para minimizar el embarazo infantil, el adolescente, el no deseado, el que terminará con hijos que no tendrán garantizados sus mínimos derechos fundamentales básicos. Esto no se logra con solo promover la venta de preservativos y la promoción irresponsable del ejercicio de los derechos productivos. Según el ICBF, al año nacen cerca de 160.000 niños de madres adolescentes. El 20%, tal vez más, de adolescentes son madres solas o han abortado. Es una cifra que debe llamar la atención de toda Colombia, porque estamos dando vida a una generación con graves traumas y sin opciones reales de comprometerse con su propio futuro y con el del país.
Carlos Fradique-Méndez.
Bogotá.
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