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El clamor por una obra vial pendiente y una petición al Congreso

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Una obra de la región del Pacífico

“La vía Mulaló-Loboguerrero no va”. Este es el título de la columna de Mario Fernando Prado, en El Espectador del pasado 30 de diciembre, sobre esta importante vía que cumple 30 años de anunciada y que aún los vallecaucanos y los habitantes del Pacífico no logramos que se concrete.

Hay en el Valle dos conductas que se apropiaron de la clase dirigente y de sus voceros: la timidez y la vergüenza. Las clases empresarial y política aparecen en reuniones para mencionar que esta obra está retrasada y no van más allá de la tímida mención.

Esta obra se retrasó, entre otros, por las observaciones de un grupo de la ciudadanía de Pavas, corregimiento turístico de La Cumbre. Ya el Gobierno respondió a las observaciones y se tomó el tiempo más que necesario para dirimir este desacuerdo. Entonces, ahora qué sucede: los constructores con razón señalan que los materiales de la obra se han encarecido y es necesario revisar el presupuesto, por eso ahora al Gobierno le corresponde ser proactivo y diligente, y proceder a realizarle al contrato los ajustes económicos necesarios para cumplir la obra. Valga decir que del paquete grande de vías 4G, la Mulaló-Loboguerrero es una de las tres obras que ni siquiera han iniciado su construcción, ya todas la otras se concluyeron o tienen avances.

Esta vía no tiene discusión, es necesaria: “Se hace o se hace”, esa es la decisión que deben tomar las dirigencias empresarial, cívica, académica, política. El periodismo y todas las fuerzas vivas de la región deben salir a manifestarse en un plazo de 30 días para exigirle al Gobierno el inicio inmediato de la carretera que beneficia a Cali, al suroccidente del país, a La Cumbre, a municipios aledaños, al puerto de Buenaventura, al Eje Cafetero, al andén Pacífico y a toda Colombia. Además de constituir una comisión veedora y acompañante de esta obra.

Jesús Glay Mejía N. Cali.

Más civilidad

Aunque no es fácil pero tampoco imposible, me gustaría que el Congreso aprobara este año la prohibición total del uso de la pólvora. Ya conocemos la cantidad de quemados en solo Bogotá y ni que decir de los menores que ya quedaron por siempre marcados por la tragedia. También me gustaría la prohibición de corralejas, coleos y corridas de toros. No logro asimilar cómo puede una persona gozar con el sufrimiento de los animales. Es necesario y urgente que este país tenga más civilidad.

Lucila Marín Castrillón.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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