El dilema de votar o no votar

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Se avecinan ya las elecciones parlamentarias, tan importantes como la presidencial, donde el abanico de candidatos presenta viejos conocidos y muchos nuevos, generalmente jóvenes y muchas mujeres, aspecto que podría señalarse como positivo. Pero en un país donde el electorado pasa a extremos no es raro escuchar que están “los mismos de siempre”, para referirse a quienes se empeñan en repetir período a período, aun sin haberse desempeñado con decoro, y por otro lado, cuando aparece una figura nueva se dice “quién diablos será”, por desconocerse su trayectoria, a pesar de que se hacen esfuerzos por publicar su hoja de vida.

En realidad, los títulos académicos no son necesariamente una garantía de pulcritud y transparencia; sólo indican una relativa preparación en algún nicho del conocimiento. A veces les falta experiencia administrativa en el sector público, que no crea las condiciones para un buen desempeño, o son orientados por viejos zorros; o, lo contrario, después de verlos pasar en el parlamento con carreras sin terminar, se los observa queriendo repetir escaño, en vez de prepararse mejor y en tal caso volver cuando se tenga el suficiente bagaje académico. Pero el bicho de la política no les permite reflexionar…

En realidad, es difícil decidirse por alguien, además de que el famoso tarjetón es complejo de entender. Al llegar al cubículo, psicológicamente se genera un bloqueo de ver tanto número y uno no sabe si, al señalar un determinado logo, estará aventajando a algún bandido o perjudicando a una buena persona.

Me parece que estamos en mora de llegar al voto electrónico. Pero en Colombia no se termina de pensar en esa idea y ya está listo el mecanismo para un fraude igualmente de alto a nivel tecnológico.

Es difícil elegir a las buenas personas y las campañas no han demostrado innovación ni creatividad para que se pueda conocer las ejecutorias de quienes quieren quedarse en el Congreso o los proyectos de quienes quieren llegar.

Las elecciones colombianas se caracterizan por la tremenda inversión financiera que luego, así digan de dientes para afuera que no, los ganadores llegan desaforados a reponerse, y allí continúa la macabra red de corrupción que un día tendrá que terminar para siempre. Por ahora, para muchos que queremos participar de todo este importante proceso electoral, la alternativa es acudir al voto en blanco. Así la conciencia estará tranquila.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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