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El docente-máquina

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Al empezar nuestra labor nadie nos advirtió que tendríamos que dejar que otros controlaran cómo nos vestimos, nos expresamos, nos sentamos, lo que comemos o no frente a otros, la forma como nos sentimos, y que tendríamos que repetir una lección una y otra vez sin decir lo que pensamos o si estamos o no de acuerdo con ello. Por el contrario, al estudiar se nos dice: “Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su producción o su construcción”, al estilo del maestro Freire, pero la verdad no es así. En la educación hay un curriculum oculto también para los docentes, quienes iniciamos nuestra labor con la idea, un poco ilusa, de cambiar el mundo por uno actual, uno que responda a las necesidades de nuestros niños y jóvenes, pero la tarea laboral no corresponde con este sueño.

La idea del profesor como “ejemplo a seguir” se ha perpetuado haciendo de la labor un títere sin sentido que debe seguir las órdenes, filosofía y pensamientos de sus jefes, rompiendo con la idea de crear pensamiento, pues no es capaz ni de expresar el suyo propio, no por decisión personal sino por miedo a ser un número más en la cifra del desempleo. El docente resulta siendo una máquina de copias que incluso puede sentirse amenazado si alguno de sus estudiantes se atreve a hacer algo que sus “superiores” no le permitan.

Esta situación se ha agudizado con la privatización de la escuela y con la idea del negocio que se debe mantener. Por lo tanto, el profesor no es un colega, sino un empleado o una competencia; el estudiante no es con quien aprendo en conjunto o a quien ayudo a crear su pensamiento propio, sino el cliente, y los puntajes son la reputación de un negocio que quiere mantenerse a flote. Se uniforma a los “docentes-máquinas” no sólo en su vestuario sino en su pensamiento y en su forma de enseñanza, se quita el derecho a la libertad de cátedra con el discurso de la misión y visión de empresa, se quita la libertad de expresión con la idea de “presentación impecable”, y así, poco a poco, se va perdiendo el objetivo de la educación y se va mejorando la noción de empresa.

Lo que pasa en la escuela es el vivo ejemplo de lo que sucede hoy en día con la sociedad: el que piensa diferente, se viste diferente, aprende diferente, desea diferente es despedido o eliminado con la excusa de ser un desadaptado; otros, por miedo, prefieren callar o ponerse en una falsa postura de neutralidad para no ser juzgados por lo que realmente piensan, o intentan tapar el sol con un dedo con el fin de encajonar a todos en dos bandos: los de bien o los vándalos.

Gyhid Jeswen Rojas Cardozo. Docente de Ciencias Sociales, Universidad Distrital Francisco José de Caldas.

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