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Los poco virtualizados, dentro de los cuales me incluyo, en estos tiempos de crisis andamos con mala música en el alma. Si bien es cierto que en el siglo XXI cualquier sujeto debe estar totalmente relacionado con los computadores, internet, etc., en Colombia —por motivos varios— la sociedad no posee en su totalidad el sujeto-internet. Pero ahora, en tiempos de COVID-19, todos, en cuanto sujetos, nos vemos obligados a establecer ese vínculo con internet, por más oposición que se quiera hacerle. Inevitablemente —y por un largo período— la vida misma dependerá de ello. El homo videns que previó Sartori es ahora el ideal de sujeto al que la sociedad se ve condicionada. Temo por lo que la virtualización pueda hacer del hombre.
Aun cuando las redes sociales son un medio de comunicación funcional en tiempos de COVID-19, la cuarentena ha revelado uno de los peligros menos mencionados sobre las redes sociales e internet en general: el riesgo en el desarrollo crítico y lingüístico natural del hombre. En la medida en que la comunicación se convierte en una interacción más virtual que real, el hombre pierde una noción de relacionamiento natural en el mundo; el hombre pierde lo que lo hace hombre, su lenguaje. Me refiero explícitamente al uso inoficioso de las redes sociales durante la cuarentena, en una producción infinita de contenido audiovisual que solo se dirige al ocio, mientras ignora la realidad. “El lenguaje no solo es un instrumento del comunicar, sino también del pensar. Y el pensar no necesita del ver” (Sartori, 1998, p. 25). Es la predicción de un hombre menos pensante.
Durante la pandemia se ha hecho perceptible una sociedad más sumergida en su vida virtual que en su vida real. En la dinámica virtual del narcisismo, todos juegan a ser el centro de atención haciendo videos, bailando con coreografías y música de fondo, o tomándose fotos para publicar; el hombre produce y consume contenido vacío, y en ello se hipnotiza. Las publicaciones más notorias en redes sociales están vacías de contenido, todas en su mayoría son imágenes, para no incomodar al homo videns. El hombre que no toma un libro, pero sí busca un video; el hombre que no lee, pero sí publica frases; el hombre que no investiga, pero sí chismosea; el hombre que no estudia, pero sí alardea; el hombre que cree todo y no discierne nada. En este sentido, el desarrollo del hombre en su tendencia más superficial se ha dado bajo las dinámicas de entretenimiento durante la cuarentena.
En el momento en que el desarrollo del pensamiento crítico se hace más relevante, más hipnotizado se ve el hombre por las redes sociales.
Helen Granados Rodríguez.
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