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Comparto la indignación, la tristeza y mi solidaridad con las víctimas del atentado al semanario Charlie Hebdo.
Sin embargo, no estoy del todo de acuerdo con la forma en que se ha santificado este periodismo.
Es muy diferente ser crítico y cuestionar las instituciones religiosas, a burlase, humillar y pasar por encima de las personas que creen en ellas. La caricaturización de figuras, personajes y símbolos propios de cualquier religión o cultura en general y particularmente del islam profundiza el racismo, la discriminación, la xenofobia y el nacionalismo que últimamente está caracterizando a Francia y otros países de Europa. No creo que la libertad de expresión deba ser un escudo para insultar o profanar una cultura —cualquiera que sea— y menos para quienes somos o pretendemos ser periodistas.
Sí, estoy en contra de los atentados, pero también estoy en contra de la violencia ejercida por Charlie Hebdo y otros medios de comunicación que, apelando a la libertad de expresión, pisotean el islam. Lo cual, creo, es una forma simbólica de colonizar y justificar la guerra contra los musulmanes.
Natalia Abril Bonilla. Bogotá.
* Fogosa
Fogosa la bestia
Irrumpe en la arena
En las gradas
La multitud ruge
Ebria de placer
Ramiro del Cristo Medina Pérez. Santiago de Tolú.
* Libertad de expresión versus provocación
‘Charlie Hebdo’, «el derecho a la risa», es muy diferente al derecho a la ofensa reiterativa. El presidente francés Francois Hollande convocó a una marcha con jefes de estado europeos este domingo 11 de enero 2015 en París después de la masacre del 7 y 9 de enero, rechazando el antisemitismo, el antirracismo, pero olvidó el antiislamismo, en un país donde hay tres millones de musulmanes.
Una cosa es la irreverencia, la libertad de expresión y otra la ofensa reiterativa a través del chiste, la burla o la ilustración; dirigida a dioses, libros sagrados, símbolos patrios, etc. No es tolerar, que es sinónimo de aceptar, simplemente es respetar. La revista satírica ‘Charlie Hebdo’ ya había sido incendiada por lo mismo, los periodistas muertos fueron advertidos muchas veces haciendo caso omiso para pasar a la historia como mártires del oficio y lo lograron.
Hay muchas formas de hacer terrorismo, no solo con balas, sino con la palabra, el dibujito provocador y la ofensa diaria. Lo peor es que las partes no cederán, seguirán dibujando en aras de la libertad y matando en el nombre de Dios.
Helena Manrique. Bogotá.