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No solo el Catatumbo, es todo el país el que se mantiene de tumbo en tumbo desde hace un largo tiempo. Y es innegable que Colombia tiene miles de cosas positivas que contar en los más diversos campos, por ejemplo, los carnavales de Negros y Blancos de Pasto, que cada año demuestran una maravillosa evolución acorde a las renovadas tecnologías, a la preparación de las nuevas generaciones de artistas, la participación de gente proveniente de diferentes lugares del mundo. Y sujetos también a los excesos que opacan el brillo natural de la alegría de la gente de todo un departamento –porque los carnavales se realizan en todo su territorio, salvo la costa Pacífica que tiene sus propios carnavales en otra época– que se sobrepone, al menos por esos días, a la violencia enraizada. Y no es un festival, es un carnaval.
Sin embargo, es imposible ignorar a todas esas zonas como el Norte de Santander, el Cauca, Nariño, Guaviare, entre otras muchas, azotadas sin clemencia por la violencia, el narcotráfico y la sinvergüencería gubernamental. Cómo es posible que un gobernante se ufane de una paz total que más tiene de totalitaria, mientras ignora las realidades de las regiones mencionadas y se centre en la repartija burocrática. Es imposible que las fuerzas armadas no conozcan y reconozcan la ubicación y espacios de las operaciones de todas las sanguinarias cabezas del ELN y de las diferentes disidencias de las antiguas FARC y no se preparen con la suficiente inteligencia con la que disponen para la captura inmediata de los capos de la mafia de la violencia. Solo nos ofrecen titulares y más titulares que los repiten como propaganda barata. Desde el anuncio de Petro por su cacareada paz total a nuestros días, los militares tendrían que estar preparados para su ya tradicional incumplimiento. Naturalmente, los cínicos dirigentes del macabro ELN y demás disidencias también expresan los incumplimientos del gobierno. ¿Quién incumple de verdad? Las dos partes. Que quién incumple primero o más, es cuestión de conciencia. Tanta consideración con los industriales de la violencia… Nunca olvidaré el presagio de Antonio Caballero: cada gobierno es peor que el anterior. ¿Qué nos espera, dios mío?
Ana María Córdoba Barahona, Pasto
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