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El Parque de la Independencia

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Deja al descubierto en su columna la arquitecta María Eugenia Martínez (El Espectador, enero 7) un eslabón más de la cadena de irregularidades que ha llevado el proceso de construcción del mal llamado Parque del Bicentenario. Gravísimo.

¿Cómo, por Dios, después de años, de escritos, demandas, tutelas, reuniones y demás, podemos hacerle entender al señor proyectista y a las entidades distritales, que no al Ministerio de la Cultura —para quienes el hecho de que éste, en su calidad de área de influencia de un monumento nacional, no merece protección de la nación, ni tampoco es digno de respeto por el “simple hecho” de sus calidades paisajísticas y de su historia—, que quienes estamos interesados en proteger el Parque de la Independencia lo único que pedimos es que su proyecto de “tapa” (como ellos mismos lo llaman), para cubrir el tramo de la 26 entre la quinta y la séptima, no se meta dentro del parque?

Enrique Uribe Botero. Bogotá.

“Cartagenin Hilton Feliciting”

En tiempos de indignación, muchos fueron los que salieron desconcertados de la famosa fiesta del 31 de diciembre en Cartagena, llamada ‘El palacio de los placeres’, organizada en el baluarte San Francisco Xavier. La boleta costaba $800 mil y para acceder a ella alguien tenía que ser amigo o conocido de los que la organizaban, algo así como seguir los seis grados de separación. La fiesta ya había generado expectativas por su supuesta exclusividad —decían en algunos lugares que sería un evento sin precedentes— y porque la crema y nata del jet set internacional participaría en ella. Hasta Vogue acaba de publicar un artículo social llamado “Colombian Nights”, diciendo que no había lugar más cool para estar en la noche de Año Nuevo que ese lugar cerca de la línea del Ecuador, Cartagena, Colombia. Y por $800 mil, a pesar de la alegría de estar compartiendo con amigos, el servicio fue pésimo, los tragos los servían en enclenques vasos de plástico, las filas de los baños eran kilométricas y todo para que al final vendieran boletas por $100 mil y la anunciada exclusividad quedara sólo en el papel, porque al final fue otra fiesta más. Si hubo comida, no la vi. Total, me parece exagerada la burbuja que es Cartagena. Esta fiesta es un ejemplo más de la carestía sin proporciones que rodea al Corralito de Piedra.

Vanessa López. Bogotá.

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