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El pecado de Petro

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En medio de la diatriba que Felipe Zuleta ensañó, el día domingo, contra el alcalde Petro, se le “chispotió” la verdadera razón de la malquerencia que le guardan los sectores privilegiados de la sociedad y, finalmente, él porqué se le sanciona. Dice Zuleta: “Creo que Petro se desmovilizó del M-19, pero nunca lo hizo mentalmente. Él sigue siendo un hombre de izquierda…”. ¡Acaso quienes se desmovilizan deben abjurar de sus ideas! ¡Acaso es un delito ser un hombre de izquierda! Sí, se le cobra a Petro el haber tratado de implantar un proyecto de ciudad más incluyente, más equitativa, menos discriminatorio. Es decir, por ser un hombre de izquierda y tener un proyecto de ciudad fiel a sus convicciones. El motivo de la sanción, el manejo de las basuras, a lo sumo ameritaba un llamado de atención. Pero no, qué pecado grande quitarles a unos monopolios para darle a unas cooperativas de recicladores, qué pecado grande tener un manejo del reciclaje de las basuras en el que se disminuyen los efectos e impactos ambientales al generarse menos basuras (incluso premiado por las Naciones Unidas), qué gran pecado ahorrarles a los usuarios miles de millones de pesos al año. Ante una providencia de la Procuraduría a todas luces arbitraria, pues no se ha tipificado ningún delito, Petro despliega todos los recursos jurídicos y políticos de que dispone. Es el legítimo derecho a la defensa dentro de un Estado de derecho.
Señor Zuleta, la democracia consiste en la confrontación entre distintos idearios políticos, no en la eliminación física o ideológica del contradictor, ni a conculcar los derechos del adversario ideológico. Qué bueno que en Colombia pudiésemos pasar del conflicto armado al conflicto hablado. Piense, Zuleta.

Fernando Alfonso González.
Manizales.


Blanco es…
Con ese acertijo escolar podría definirse el logosímbolo del Centro Democrático (léase Uribismo). La idea que queda en el ciudadano común es que, sin Álvaro Uribe, ese Centro ni siquiera es periferia. Su candidato presidente nada que despega. En Pradera se le notaba como desorientado; y si daba alguna declaración era con una expresión autista, porque palabras y discurso eran de su jefe. Pobre Colombia, en la eventualidad de que un hombre así, sin rostro propio, llegara al gobierno. En fin, nunca antes se habría aplicado aquello de que cada pueblo tiene el gobernante que se merece. Lo más triste es que una segunda oportunidad de paz para esta tierra, no pasaría de una remota utopía.
Donaldo Mendoza. Popayán.
 

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