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En la edición del jueves 8 de diciembre de El Espectador, la columnista Tatiana Acevedo nos cuenta la conmovedora historia de Luis Eduardo Sierra Sánchez, un muchacho nacido en la Comuna 13 de Medellín.
De inteligencia excepcional, este joven alcanza puntaje superior en pruebas de Estado. Es becado por la Alcaldía para que siga estudios superiores, pero curiosamente abandona la Universidad Pontificia Bolivariana porque no tenía ni para los pasajes. Continuó estudiando por su cuenta, pero un día de abril cuando va a la biblioteca a devolver unos libros, cinco tiros ponen fin a su vida, por pasar “por donde no debía pasar” (léase territorio de pandillas). Así termina la historia. Razón tiene Tatiana, Luis Eduardo Sierra Sánchez es el personaje del año y la razón es contundente: la suya no es una crónica personal, es la historia de miles de jóvenes colombianos cuyo destino, a pesar del talento, es una lápida. La premura editorial de un periódico no da tiempo para hallar estos personajes, Tatiana sí tuvo el suficiente para encontrarlo.
Donaldo Mendoza. Popayán.
Unas por otras
Que no se piense que este comentario va a favor de la insurgencia. Pero el Gobierno ha dicho que está dispuesto a sentarse a conversar con la guerrilla si ésta cumple algunos requisitos apenas elementales. Estamos de acuerdo. Pero y ¿a qué se compromete el Gobierno? ¿Habrá equidad mientras un congresista devenga más de veinte millones de pesos mensuales, mientras hay un salario mínimo para los trabajadores colombianos? ¿Y qué decir de la educación gratuita y de calidad? ¿Y de la salud pública cuando nuestras gentes mueren en las puertas de los hospitales porque éstos carecen de recursos? ¿O de la vivienda digna para más de dos millones de colombianos que carecen de techo? ¿Y de la justicia morosa, deficiente y selectiva que no garantiza su prontitud ni su eficacia?
Hacer la paz sin resolver los problemas que nos agobian, es mandar a vacaciones a los guerrilleros de hoy para ser reemplazados por gente nueva.
La guerrilla debe dejar las armas, desmovilizarse y liberar a todos los secuestrados a más de indemnizar a sus víctimas, pero el Gobierno tiene obligaciones ineludibles de dar un viraje hacia la justicia social en este país de inequidades.
Eulogio Uscátegui Mantilla. Bogotá.
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